Evangelio del domingo

El mensaje que nos transmite el evangelio de hoy no es nuevo…de una u otra forma resuena a lo largo de todas sus páginas…”los últimos serán los primeros…el quiera ser primero que sea el servidor de todos…yo soy el maestro y estoy entre ustedes como el que sirve” …y así podríamos traer aquí frases y frases de Jesús sobre este tema.

Lo curioso de todo ello es que sus discípulos no entienden nada…tampoco nosotros entendemos, nosotros que no sólo llevamos dentro el deseo de mandar y de ser primeros, sino que vivimos en una sociedad en la que se estimula la competición, se aplaude a los que suben al pódium de los vencedores y se olvida a la tropa, aunque haya sido gracias a la tropa, a muchos del pelotón, el que aquel o aquella estén arriba…Pasa también en la Iglesia…el papa Francisco lo ha denunciado con frecuencia: “el carrerismo”… esos que aspiran a los mejores puestos, ser obispos o llegar a un ministerio, porque eso les ofrece reconocimiento , poder y se olvidan que en la jerarquía de Jesús todo es al revés: la autoridad viene del servicio, no del poder.

El evangelio de hoy insiste en lo mismo y lo que llama la atención es precisamente la insistencia de Cristo en ello. Imaginemos la escena, tal como nos la cuenta Marcos:

Juan, el discípulo preferido, el teólogo de altura, finísimo como el que más, se pone delante de Jesús y le pide, con la cara más dura o más ingenua de un niño: “Quiero que me concedas lo que te pido. A mí y a mi hermano Santiago”. Y Jesús lo escucha con paciencia y le responde con una pregunta bellísima: “¿Qué puedo hacer por ustedes?”. “Queremos los primeros puestos”, le contesta Juan.

Después de tres años de caminatas por los pueblos de Palestina, de enfermos curados, de hombre y mujeres saciados en su hambre y después de anunciarles, hasta tres veces, el futuro que le esperaba porque sería ejecutado en una Cruz, no han entendido nada…absolutamente nada.

Y, de nuevo, nos encontramos con el Jesús, pedagogo, maestro…En lugar de desanimarse, de recriminarles, les invita, una vez más, a replantearse las cosas de otro modo y les vuelve a explicar qué significa para él un mundo nuevo.

“¡Ustedes no saben lo que piden!” Ustedes no tienen ni idea qué tecla oscura están tocando con esa demanda…ustedes no tienen ni idea qué mundo tan pobre les aguarda con esa ambición de poder. Y la prueba surge inmediatamente: los otros diez apóstoles – dice Marcos – cuando les oyeron , se rebelaron, se indignaron y llenos de envidia, se apuntaron también al carro de la competición para ver quién era el primero,unque para eso tuvieran que pasar por encima del otro. Ahora ya no son sólo, los hijos de Zebedeo, son todos, los que quieren lo mismo: mandar por encima de los demás, destacar, tener su parcela de poder….dominar a los otros.

¡Qué paciencia la de Jesús! Dice Marcos…que, dado el panorama que se avecinaba en el grupo, los llamaa todos junto a sí y les dice: hay dos formas de ejercer la autoridad, dominando al otro con el dinero, con la violencia, las ideas o el miedo…o la otra forma que ven en mi… Por eso les digo que “el quiera ser grande que se haga servidor de todos”…

“Servicio” es el nombre con letras grandes del amor…también podemos decir que es el nombre secreto de la nueva civilización…todavía más, es el nombre de Dios…como dice Jesús: “Yo no he venido para ser servido, sino para ser el Siervo de Dios, el siervo de todos…

Sólo la costumbre o la inconsciencia nos permite leer y escuchar esta frase sin inmutarnos: Dios, nuestro Dios, es un siervo, el siervo…Dios, nuestro Dios no es el omnipotente y señor del universo, ante quien caemos de rodillas, sino el siervo…el que se arrodilla ante nosotros para lavarnos los pies… ¡Estas palabras dan vértigo !

Y, si Dios es nuestro siervo… ¿quién será, entonces, nuestro patrón? …No nos busquemos sustituciones…”no hemos nacido para ser esclavos, sino libres”…dice Pablo…y sólo lo lograremos, sólo nos pondremos en camino hacia esa sociedad diferente, cuando todos seamos servidores de todos…y esto, no por un simple ejercicio ascético, sino como la única forma de multiplicar y respetar los recursos de todos. Dios no quiere que le sigan hombres o mujeres incompetentes, apáticos, parásitos de lo que otros construyen…no, quiere hombres y mujeres capacitados, libres, felices…pero al servicio verdadero de los otros…

¡Cuánta tarea por hacer, cuantos recursos por utilizar, y cuántos sueños por experimentar aún pendientes! Jesús nos invita a crecer, a florecer, a dar frutos…al servicio de todos.

Atención, pues, a la consigna: “¡el que quiera ser el primero, sea el que más sirve!”

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