Discurso a los católicos

¿Se imaginan algo parecido en España? En la Francia que presume de su laicidad, su presidente Macron se dirigió, en la sede del Colegio “des Bernardin” (París), escaparate de la Iglesia de Francia, a la Conferencia Episcopal del país vecino. El hecho, en sí mismo, resulta inédito, pero todavía resultó más inédito el discurso del más alto representante del Estado francés. Se dirigió a los católicos de Francia, como nunca antes lo había hecho ninguno de sus predecesores. Podía haber hecho un discurso de trámite, políticamente correcto, pero no.

No era obvio, por poner un ejemplo, que E. Macron definiera las “raíces cristianas” de Europa como “pruebas históricas” de la identidad europea, sino que añadió:” No son las raíces las que interesan, porque podrían estar muertas. Lo que interesa es la savia. Y estoy convencido que la savia católica debe, ahora y siempre, contribuir a la vida de nuestra nación”.

Su discurso, del principio al fin, ha sido una afirmación del papel que los católicos desarrollan o deberían desarrollar en la vida pública al servicio de “la dignidad humana”.

En su discurso del pasado 9 de marzo el presidente ha sido cauto frente a los problemas bioéticos en discusión, aunque ha dicho:” La manipulación y la producción de la vida no pueden extenderse al infinito sin plantearse, previamente, qué se entiende por “hombre” o por “ vida”.

Macron ha invitado a los católicos a defender sus convicciones también en el terreno político, lamentado que esto no sea así. Esta no es una forma para neutralizarlos, porque “la primera libertad que la Iglesia puede ofrecer es ser “intempestiva.”” La fatiga que lleva consigo todo diálogo – ha concluido – no debe impedir nunca el reconocimiento de la necesidad del diálogo”.

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