Día del Refugiado

Celebrar la jornada mundial del refugiado, parece un contrasentido, cuando diariamente cientos de personas mueren en el Mediterráneo o en los campos de refugiados. Pero, al mismo tiempo, es importante respaldar a todos aquellos y aquellas que entienden que las fronteras no se construyen en los mapas geopolíticos, sino en nuestra sensibilidad, en nuestro sentido humanitario.

Los refugiados no son simples "flujos migratorios", estadísticas, números sin nombres y sin rostros. Son personas que sufren, que huyen de la violencia institucionalizada, del hambre, de la injusticia. Levantar muros o encerrar a estos hombres, mujeres y niños en recintos de muerte no para este movimiento, porque el deseo de sobrevivir, de escapar a la muerte, es más fuerte que cualquier alambrada. El viaje será más peligroso, más costoso, porque siempre hay quien trafica con la necesidad del otro, pero es imparable. Hoy celebramos con cuantos trabajan junto a ellos - voluntarios, ciudadanos, hombres y mujeres de buena voluntad - a todos aquellos que se esfuerzan por crear una sociedad más abierta, más diversa. Diversidad es riqueza. La paz es un camino permanente y, lo peor que puede pasarnos, es creer que ya la hemos conseguido y, todavía peor, que es privilegio de unos pocos

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