Cuaresma

Posiblemente hoy, en esta sociedad acomplejada en la que vivimos, este tiempo que empezamos, miércoles de Ceniza, dice muy poco. No sólo a nivel eclesial, sino también a nivel informativo. No sería extraño que si hiciéramos un sondeo sobre el tema, la gente, en general, supiera responder antes a la pregunta qué es el Ramadán, que dar una respuesta aproximada de lo que ha sido nuestra tradición cultural hasta hace poco, la Cuaresma.

Cuaresma es el período de cuarenta día que recorremos los cristianos antes de la Pascua. Es un camino de ayuno y penitencia para pasar con Cristo a una vida nueva que es un don, pero que también requiere esfuerzo y disciplina, como todo lo que vale. Es una invitación a vivir la experiencia del desierto y entrenarnos en lo esencial, lo que verdaderamente apaga nuestra sed. Un tiempo para aventurarnos sin nada que nos estorbe, con mochila ligera, a la búsqueda de lo que verdaderamente nos habita o queremos que nos habite. Los recursos a tener en cuenta son pocos: oración, ayuno y compartir. No hay más, sólo alimentar ganas de cambio, lanzarnos al camino, que ya en sí mismo, puede ser gratificante.

Desde el siglo II existe en la Iglesia un período de preparación a la Pascua, medido por algunos días de ayuno, aunque su momento culmen va del siglo IV al siglo VII. De este tiempo tenemos múltiples testimonios que se refieren a su organización. Una organización que afecta a toda la Iglesia, en especial a algunos de sus miembros: los “bautizandos” en la noche de la Vigilia Pascual y los penitentes públicos que habrían de reconciliarse con la comunidad el jueves santo a la mañana.

Actualmente el cómputo de nuestra Cuaresma abarca 46 días, desde el miércoles de Ceniza al Sábado Santo incluidos, de los cuales 40 se revisten del carácter sobrio y penitencial de este tiempo, si excluimos los seis domingos de este período: cinco de Cuaresma y uno de Pasión.

Evidentemente, cada vez que celebramos el Misterio de Cristo, también celebramos su muerte y Resurrección. A lo largo de estos cuarenta días, la Iglesia con la pedagogía propia de la liturgia, nos invita a caminar con Cristo hasta Jerusalén, donde culminará su Misterio Pascual. En ese viaje el Maestro va al frente y conduce con El a toda la Iglesia para que también ella sea partícipe de ese momento decisivo de la Historia.

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