Cuarenta

En la época bíblica, las técnicas y los métodos de contabilidad eran de lo más empírico. Para contar las horas se utilizaban cuadrantes solares , a partir de ahí, se trataba de determinar y contar los años. Esto posibilitaba, a su vez, usar números standard para fijar referencias e indicar determinados órdenes. Así, por ejemplo, para decir que alguien había alcanzado su plena madurez, se le atribuía la edad de treinta años, como a Jesús, al inicio de su ministerio (Lc 3,23).

Con frecuencia se recurría al número cuarenta para indicar una duración sucesiva: así los cuarenta día y cuarenta noches del diluvio (Gen 7,4), los cuarenta días concedidos a la ciudad de Nínive para su conversión (Jon 3,4), etc.

Pero cuarenta fue, sobre todo, el número emblemático de la estancia del pueblo hebreo en el desierto, después de la salida de Egipto, cuando Dios se le manifestó para proponerle una alianza y un camino de vida. Aquel fue el tiempo de la gran prueba, pues fueron muchas las claudicaciones.

Jesús retomó este itinerario, de cuarenta días, y allí donde hubo negaciones, El nos ofrece y nos abre un camino de fidelidad a Dios. El nombre de “Cuaresma” viene de cuarenta.

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