Construir catedrales

Son 183 los representantes diplomáticos ante la Santa Sede (En la ONU hay 193 países). E l discurso que el Papa dirige al cuerpo diplomático por estas fechas, sirve habitualmente para constatar los territorios calientes del mundo y entender la dirección del “poder ligero” del Vaticano en relación al “poder pesado” de los estados.

En las palabras del Papa del pasado 8 de enero, se subrayan tres dimensiones a cuidar y a trabajar en especial de cara al futuro: la cuestión de los derechos y sus agresiones, el tema de la paz y las migraciones. No falta tampoco la referencia a los deberes “particularmente urgentes” en relación a la tierra y al medio ambiente.

Desgraciadamente, los embajadores presente, saben bien que no corren tiempos propicios para la diplomacia, siempre necesaria. Y, no sólo por la multitud de conflictos locales y la escasa eficacia de los acuerdos que se toman, sino también por la explícita devaluación de su trabajo. Un ejemplo claro de ello lo tenemos en la América de Trump que pretende solucionar los problemas internacionales a golpe de Twitter.

Tener como referencia las pautas del Papa Francisco quiere decir que hay que trabajar pacientemente y con constancia, con metas a largo plazo, renunciando a ver las consecuencias del propio trabajo de hoy para mañana. Significa, – afirma el mismo Papa, – trabajar como los constructores de las grandes Catedrales de la Edad Media que se sentían parte de un proyecto de belleza y de fe del que se beneficiarían, no ellos, sino sus hijos y los hijos de sus hijos.

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