Carta a los niños de primera comunión

Queridos amigos y amigas, dentro de unas semanas harán su Primera Comunión y vivirán, con sus padres, familia y amigos, un día inolvidable. No por los regalos que vayan a recibir, sino sobre todo, por el gran regalo de poder recibir a Jesús y, en adelante, poder participar en la Misa comulgando. La comunidad cristiana, que a través de los catequistas les ha acompañado, se alegra también con ustedes y desea seguir compartiendo el encuentro del domingo, en el que celebramos juntos nuestra amistad con Jesús y nos sentimos familia.

Antes del día de la Primera Comunión les invito a pasar un ratito a solas en su habitación, en silencio, sin que nada les distraiga y dedicar unos minutos a recordar lo que han aprendido en la Catequesis sobre Jesús. Durante estos días, toda la comunidad, yo también por supuesto, rezaremos por ustedes para que el Señor les bendiga y les lleve siempre de su mano.

Les invito también a separar, el día de la Primera Comunión, algo de lo mucho que reciban como regalo, para entregarlo en la Misa y así compartir con los que tienen menos. Con su ayuda, por pequeña que sea, otros se van a beneficiar y Jesús, que vive en los que menos cuentan, se alegrará con ustedes y con todos. Sean siempre amigos de Jesús. Mantenga su amistad como hacen con otros amigos o compañeros de clase con los que suelen jugar, celebrar juntos su cumpleaños o contarles sus cosas. Con Jesús pueden hacer lo mismo.

El nos recibe y nos espera siempre en su casa, la parroquia, en especial el Domingo, el día de la Resurrección. A Jesús podemos contarle siempre lo que nos pasa y esto es ya orar.

Para seguir creciendo en la amistad con Jesús, no dejemos nunca de participar en la Misa del Domingo, comulgar y prepararnos siempre para ello, por dentro y por fuera, con el Sacramento de la Confesión cuando lo necesitemos.
El día de la Primera Comunión no termina nada, empieza una nueva forma de relacionarnos con el Señor y con la comunidad. ¡Que puedan contar siempre con sus papás y mamás y sean siempre buenos!

Me alegro mucho – también los catequistas – de este tiempo que hemos compartido. Ya nos conocemos un poco más y, juntos, queremos seguir a Jesús. Colaboren siempre en casa, visiten a los abuelos y ayuden siempre a los compañeros que lo pasan mal.

No olviden nuestros encuentros de los domingos, les echaríamos de menos. Rezaremos siempre por ustedes, recen ustedes también por nosotros y por todos. Un abrazo.

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