Adviento

Esperar y vivir atentos son las dos actitudes fundamentales para todo adviento. También para el Adviento de Dios. Adviento es tener en la mente, mantener en el corazón, la presencia de alguien al que necesitamos, al que deseamos, al que amamos y nos falta, pero que sentimos cerca, que notamos que poco a poco va creciendo hasta poder tocarlo, abrazarlo. Quizá sean las madres las que mejor conocen lo que significa esta espera.


Adviento es un tiempo de camino. Un tiempo en el que todo se hace nuevo, más próximo, más cercano. Dios a nosotros, nosotros a los demás e incluso cada uno así mismo. Adviento es un tiempo para traducir distancias entre el cielo y nosotros, entre nosotros y los demás y entre lo que aparentamos y lo que somos.


Adviento es vivir atentos… ¿Atentos a qué? A las personas, a sus palabras, a sus silencios, a sus necesidades ocultas, a sus demandas u ofertas de ternura y a todo lo que la vida nos ofrece de justo y de bueno. Atentos a nuestro mundo, bárbaro y magnífico, a sus criaturas más diminutas e indispensables: el agua, el aire, las plantas…atentos a cuanto sucede en ese pequeño ámbito en que me muevo.


El Señor viene, vendrá, está viniendo. ¡Ven, Señor Jesús!

 

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