Suena el Angelus

 

Celebramos hoy la Encarnación del Hijo de Dios. El día del Angelus. Nueve meses antes de su nacimiento, el 25 de diciembre, los católicos celebramos la Encarnación del Verbo de Dios.

En un pueblo perdido, en una casa perdida del pueblo, a una mujer sencilla y anónima. Mientras se ocupaba de las tareas sencillas de su casa, Dios irrumpe en su vida y asume para siempre carne humana: “El Verbo se hizo carne”.

Desde entonces continúa ahí, en la carne, en los avatares de la historia, en el día a día de cada hombre y de cada mujer. Ha venido y ha venido para no irse.

Aislados, recluidos, fatigados, acosados por el coronavirus que parece insaciable, nos unimos en la oración. Una oración que es lamento, súplica, desahogo, pero también agradecimiento, revelación de lo mejor del hombre, escucha atenta de ese Dios que llora con los que lloran y se hace esperanza y presencia en los que se dan y se entregan en primera línea.

La cabeza se nos llena de preguntas y el corazón lo tenemos en un puño. ¿Está, o no está Dios con nosotros? Está. Pero no lo busquemos lejos, en la magia, en la ritualidad añorada…está en la vida, en los que luchan, en los que mueren, en los que reman en la misma dirección tratando de acelerar los plazos para encontrar salida a esta larga cuarentena.

No está por encima de nosotros, ni siquiera a nuestro lado, está dentro de nosotros. Todos somos ahora y siempre humanidades de recambio para ese Dios en quien creemos y que ha asumido para siempre nuestra carne.

Sigue sonando el Angelus. No suena en el Templo, tampoco en la sinagoga…sigue sonando en el quehacer diario. Fue en la casa, en el ámbito doméstico, donde el Angel anunció a María lo que iba a cambiarlo todo: Desde entonces sigue ahí. ¡Ánimo!.

“Es más largo que una cuaresma”, solemos decir…este año se nos hace interminable. Pero, no lo dudemos, sigamos remando, la Pascua está cerca y juntos venceremos.

Hoy , fiesta de la Encarnación, hagamos memoria y oremos unidos con el rezo del Angelus.

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