El COVID-19 y lo esencial

El Coronavirus nos está enseñando lentamente, a descubrir lo esencial. La necesidad de cambiar de estilo de vida. Estos días anómalos que vivimos, dramáticos, son una lección de futuro que tenemos que aprender y valorizar. También los creyentes y fieles en general, a los que las circunstancias actuales nos han impuesto el ayuno de la Misa. Este obligado ayuno eucarístico nos debe llevar a descubrir la centralidad de la Eucaristía en la vida de la Iglesia y su valor esencial en el camino cristiano.

Ayer domingo fue un día extraño. La iglesia desierta era tan chocante, en el horario de las misas habituales, como las calles de nuestra ciudad vacías en hora punta o la Alameda, ayuna de los gritos y juegos de los niños..

Si hasta el momento, para muchos, el “ir a misa” podía entenderse como obligación, cumplimiento o rutina, ahora el hecho de no poder “estar presente” puede ayudarnos a redescubrir la importancia de la misma. Sería un volver a la experiencia de los primeros siglos que los cristianos de Abitene, a comienzos del siglo IV, testimoniaron así, antes de morir: “Sin el domingo los cristianos no podemos vivir”. La supresión de las Misas con pueblo, en estos días, puede hacernos rehabitar la Eucaristía como realidad que hace la Iglesia.

El peligro, sin embargo, puede ser que la recomendación hecha a seguir la misa (streaming) por los medios (TV, Radio, Internet) nos lleve a una mayor desafección al día del Señor (Domingo). Sería una auténtica catástrofe, porque un cristiano no puede vivir sin el encuentro dominical con el Señor y con la Comunidad.

Si algo, debería enseñarnos, estos días que vivimos, es que no somos islas. Que es necesario ir más allá incluso de aquello que la técnica nos puede asegurar. ¿Quién iba a decir que un virus detectado en una plaza perdida de una gran ciudad china nos iba a pone en jaque a todos los ciudadanos del mundo y, en pocas semanas? En pleno siglo XXI hemos redescubierto por enésima vez que somos frágiles. ¿Aprenderemos a ser más humildes y responsables?

Como creyentes, bajo el signo de la fe, amiga de la razón, hemos de ser responsables, moradores de la “ciudad” a la que aportamos “ciudadanía” (civitas), que es algo más que un espacio de fruición turística y nos comprometemos a cambiar nuestro estilo de vida: miremos adelante y atesoremos los momentos difíciles que vivimos, pueden ser la parrilla de salida de un comienzo diferente.

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