La fuerza del silencio

Vivimos en una sociedad que no valora el silencio. El ruido, el rumor permanente nos invade, nos aturde y no podemos olvidar que, sin silencio, no hay música.
Venimos de una tradición larguísima que ha amado y buscado el silencio. Desde Qohelet que nos advierte que “hay un tiempo para hablar y un tiempo para callar”, pasando por el monacato en todas sus formas y el misticismo, el silencio ha sido siempre para el creyente, el humus del encuentro con Dios y con el otro…también del encuentro con uno mismo.
El silencio, alguna vez, es ausencia de ruido y de palabras, pero siempre es escucha. Amemos y busquemos el silencio, también en la celebración cristiana…es un elemento fundamental para interiorizar y personalizar cuanto expresamos con la palabra y los gestos.
Como decía San Benito en su famosa regla a los monjes: “Siempre que oremos tratemos de que lo que dicen nuestros labios esté de acuerdo con lo que sentimos en nuestro corazón.” Esto sólo es posible si creemos en la fuerza del silencio.