1. La Parroquia
 
La actual Parroquia fundada en 1821, ocupa la Iglesia del antiguo convento de San Francisco, uno de los primeros que se fundaron en la ciudad, construida en 1518 por el sevillano Pedro Llerena, aunque el templo primitivo sucumbió bajo las llamas del ataque a la ciudad del holandés Van der Does. De las huertas de este convento salieron las semillas de productos cuyo cultivo se extendió luego por todo el nuevo mundo.
De la edificación actual se destaca la portada de piedra, de claro sabor barroco, y en su interior las tres naves levantadas al estilo usual de las Iglesias del Archipiélago, en cuya construcción intervinieron también Juan Lucero, en 1635 y Juan Báez Marichal en 1652. Junto al artesonado de su techo de estilo mudéjar destaca la decoración del templo obra del artista Gran Canario Jesús Arencibia Gil, realizado en el conjunto de trabajos proyectados entre 1954 y 1961, para mejorar la decoración del templo. También cabe mencionar su curiosa espadaña en piedra separada del edificio con la Iglesia.
Este templo tiene la consideración de Santuario Mariano ya que en su interior se custodia desde muy antiguo la imagen de Nuestra Señora de la Soledad de la Portería, que es la imagen más venerada y de mayor devoción de la ciudad de Las Palmas, que la acompaña cada Semana Santa en su recorrido por Triana y Vegueta en su rico y bello trono con palio de varales de Plata Repujada.
 
2. La Espadaña de San Francisco (Historia de la Espadaña, en Museo Canario 14)
La espadaña de la Parroquia de San Francisco de Las Palmas y sus alrededores, cuya restauración acaba de finalizar, permanecieron durante cuatro décadas sumidos en un incomprensible abandono.
Ni su dilatada historia ni sus valores arquitectónicos impidieron en su día que la piqueta voraz destruyera portadas góticas, demoliera claustros y capillas y convirtieran en astillas los artesonados mudéjares. En pocas semanas desapareció el que había sido el convento franciscano más importante del Archipiélago.
Lo que añade gravedad a este atentado al patrimonio artístico es que no fue perpetrado por un empresario especulador, sino por el Ayuntamiento y el Cabildo, instituciones sobres las que recae el deber de velar por la perdurabilidad de nuestra riqueza monumental.
En la actualidad, el comportamiento de estas corporaciones es muy diferente. Vigilan con celo las actuaciones que puedan afectar a los edificios de singular significación y a las zonas protegidas y, por añadidura, arbitran fondos para su restauración Espadaña y parroquia
 
3. Las visicitudes del edificio conventual
 
Las desventuras del cenobio franciscano comenzaron en 1835, cuando el ministro Juan Álvarez Mendizábal suprimió por decreto las comunidades religiosas y dispuso la incautación de sus cuantiosos bienes. Entonces los frailes se vieron obligados a abandonar el convento trianero, que se convertiría en cuartel de Infantería.
Poco más de un siglo permaneció en él la tropa, hasta que el Ministro de la Guerra se avino a cederlo en permuta al Cabildo Insular a cambio del edificio de la calle Juan de Quesada, en que hoy se encuentra el rectorado de la Universidad. Este edificio había sido ocupado manu militare durante la guerra civil para destinarlo a hospital militar, y como su recuperación resultaba difícil, optó el Cabildo por la permuta. Dueña la Corporación del antiguo convento, se apresuró a demolerlo, quizás temerosa de futuras incautaciones. Lo que se había alzado en los siglos XVI y XVII terminó, en pocas semanas, convertido en escombros. En medio de tanta desolación y ruina sólo se mantuvo en pie, pero tambaleante, la espadaña, edificada en 1679. De nada sirvió que protestaran las voces de sus campanas: nadie las quiso escuchar.
De estos bronces centenarios dijo D. Benito Pérez Galdós: “Cuando he oído el tañido de sus campanas, siempre he sentido una emoción entre triste y dulce. Su son no lo confundiría con ninguno. Lo distinguiría entre cien que tocasen a un tiempo”.
 
4. Restauración de la Espadaña y de su entorno
 
El sector urbano en que se haya enclavado la iglesia parroquial ha experimentado en estos últimos años una transformación profunda. Sobre el solar que fue originariamente convento se ha construido, quizás con ciertas estrecheces, el Conservatorio de música, que humilla con sus proporciones la sobria arquitectura del templo.
A la espadaña también le llegaría, después de dilatados trámites, la hora de su restauración. Hubo un primer intento que se materializó en el proyecto redactado por los arquitectos Alicia Doreste y José Luís Gago en 1989 para la Consejería de Cultura del Gobierno de Canarias, que no llegó a realizarse. Posteriormente, entre 1998 y 2001, con la autoría de los mismos arquitectos, se confeccionaron nuevos proyectos para el Servicio de Patrimonio del Cabildo. Con sujeción a éstos se ha ejecutado las siguientes obras:
-Construcción de un contrafuerte en la parte posterior de la espadaña, que se hallaba apuntalada por falta de estabilidad
– Sustitución de sillares de cantería afectados por la erosión
– Reconstrucción del balconcillo de madera que corona parte de los nichos en los que se alojan las tres campanas
– Como acertada innovación ha sido esculpida en el contrafuerte la frase que Galdós dedicó a las campanas de la iglesia en la que fue bautizado en 1843
– Además, y en el entorno del campanario, se ha repuesto dos arcos de medio punto, apoyados sobre columnas, que hasta 1856 formaban la fachada sur del convento. Por esta arcada se accedía a la capilla en la que recibiría culto la Virgen de la Soledad.

Acuarela C. Quesada

5. La Capilla de la orden Tercera

Lo que ha resultado irrecuperable de este rincón ha sido la capilla de la Orden Tercera, que se hallaba lindando con la espadaña y el portalón de la huerta conventual.
Esta pequeña iglesia, de planta rectangular, la cubría un artesonado a dos aguas de mucha calidad y poseía retablos e imágenes de mérito.
Con motivo de la desamortización pasó el sagrado lugar a manos del Ayuntamiento, que lo destinó a escuela de primeras letras y a aula de la Academia de Dibujo de la Real Sociedad Económica de Amigos del País.

En 1953, el Ayuntamiento capitalino tomó el acuerdo de demolerla para, sobre su solar, trazar la calle que enlaza la de Domingo Déniz con la de Primero de Mayo. Las inmisericordes palas mecánicas dejaron entonces al descubierto las sepulturas de los hermanos cofrades, que habían elegido aquel lugar para su eterno y seguro descanso. Los restos que afloraron fueron trasladados al cementerio.
La Sociedad Económica de Amigos del País no salió perjudicada: fue compensada con una planta completa en el edificio de las Academias Municipales de la calle Mendizábal.
A pesar de lo mucho que se ha perdido para siempre, lo que perdura se halla consolidado y notablemente mejorado, gracias a las aportaciones dinerarias del Cabildo y el buen hacer de los arquitectos directores de la obra. 
 
6. Bibliografía relacionada con la parroquia

 

J.M. Alzola, Historia de un cuadro: el Niño Enfermero, col. Luján Pérez. Las Palmas 1971

 J. M. Alzola, La Iglesia de San Francisco de Asís de Las Palmas, Real Soc. Económica de Amigos del País, Las Palmas 1986.

J.M. Alzola, La Virgen de la Soledad de la Portería (Historia y leyendas), Las Palmas 1995.

F. Romero (ed.),  La parroquia de San Francisco de Asís 1821-1996. Una visión plural, Las Palmas 1997.

P.A. Ramos, La Novena de la Virgen de la Soledad (1761-2011), Las Palmas 2011.

E. Vicente Matéu, Las Campanas de San Francisco, Cam-PDS ed., Las Palmas 2010.

Francisco Caballero Mújica y María Jesús Riquelme Pérez, Santuarios Marianos de Canarias, Ediciones Encuentro, Madrid 1999.

Los conventos y monasterios de la parroquia

El convento de San Francisco

Entre los muchos conventos erigidos, después de la conquista, en la jurisdición parroquial, el más importante y decisivo fué, sin duda, el de San Francisco, el único, por otra marte, de varones. El emplazamiento de aquel convento era paradisíaco; no parece posible que fuera el mismo lugar que hoy vemos prisionero del cemento y castigado por el tráfico.                  

 Fray José de Sosa nos dice en su célebre “Topografía” que se encuentra en la parte más alegre de la ciudad, pues está en lo más alto; por cuya causa de sus miradores y ventanas se registran los puertos y el mar, gozando además de su frescura y regalado céfiro, del divertimiento de ver entrar y salir los navios. Posee dos huertas, la una regalada de agrios, platanales y otras frutas; y la otra de hortalizas, en donde asiste de ordinario un hortelano secular, que para regalo y recreación de la comunidad y religiosos tiene comunmente poblados sus surcos de distintas y tiernísimas yerbas. Es su abundancia mucha, por estar dichas huertas bajo un riachuelo o acequia de las dos que se dividen el Guiniguada, que continuamente en siendo necesario las alegra y baña con sus abundantes y cristalinas aguas.  En estas ubérrimas huertas vió por primera vez una platanera, en el año 1530, el cronista de Indias Gonzalo Fernández de Oviedo, y de Gran Canaria pasó el frutal a América, trasplantado por la mano de fray Tomás de Berlanga.
Según el plano trazado por el ingeniero cremonés Leonardo Torriani, que puede fecharse sobre el año 1590, la iglesia y el conjunto conventual se extendía desde la actual Plaza de San Francisco hasta el callejón de Orihuela (hoy Maninidra), y desde la calle de General Bravo a la de Primero de Mayo, incluyendo ésta y las casas situadas en la acera de Poniente. La huerta se iniciaba a partir de la línea de la desaparecida portería, en las proximidades de la Espadaña y llegaba hasta la bajada de San Nicolás, recorriendo la trasera de todas las casas situadas en la calle del Doctor Domingo Déniz, que en el siglo XVII era conocido como callejón de Santa Clara por su proximidad al convento de clarisas. Inmensa parcela, mitad rústica y mitad urbana, en la que había sitio holgado para iglesia, claustros,celdas, refectorio, cocina, bodega, enfermería y en el que podían hospedarse los frailes venidos de otros conventos de las islas, que venían a Las Palmas de Gran Canaria a gestionar y resolver asuntos. En el siglo XVII contaba con una comunidad de cincuenta religiosos.Sobre parte del solar del que fuera antaño convento franciscano y después cuartel de Infantería, se alza hoy el Conservatorio de Música de nuestra ciudad.

El Monasterio de las Bernardas

El Monasterio de las monjas bernardas o cistercienses fue el primero fundado en Gran Canaria. La iniciativa de esta fundación fue de fray Basilio de Pañalosa, monje benedictino de Las Palmas, familiar del canónigo don Bartolomé Cairasco de Figueroa. Fray Basilio pidió licencia para llevar a cabo esta fundación el 12 de diciembre de 1572, siendo obispo fray Juan de Alzolarás, de la Orden de San Jerónimo. Viera y Clavijo cuenta en la Historia de Canarias que por aquellos años “se vio en la ciudad de Las Palmas de Canaria el espectáculo peregrino de ciertas doncellas virtuosas, hijas de noble padres, que tomaron la resolución de encerrarse voluntariamente en unas casillas pobres que estaban inmediatas a la ermita de la Concepción, donde formando sus celdas y como una especie de coro, practicaban, sin ser monjas, una vida ascética y ejemplar”. El obispo don Cristóbal Vela aprobó la fundación en 1579. Con las limosnas de los devotos se comenzó a construir el edificio. Finalizada la obra, Fray Basilio pidió al monasterio cisterciense de Santa María de las Dueñas de Sevilla que enviase a la incipiente comunidad varias monjas que se uniesen a las postulantes canarias para formarlas en el carisma cisterciense y se fundase el monasterio bajo la regla de San Benito y San Bernardo. El 14 de junio de 1592, siendo obispo don Fernando Suárez de Figueroa, llegaron a Las Palmas las monjas, entre ellas la que sería la primera abadesa Isabel de Garfios y Bracamonte y la primera priora Francisca Ramírez. El Padre Peñalosa fue nombrado confesor y vicario de las monjas. Vivía el fraile en las dependencias de la iglesia de San Francisco.

En 1599 aconteció la invasión de los holandeses, a las órdenes del corsario Van der Does. Las monjas huyeron al campo. Los invasores fueron derrotados en la batalla del Batán, pero antes de volver a sus naves incendiaron los principales edificios de la ciudad, excepto la catedral. El nuevo monasterio de las bernardas fue reducido a cenizas. Nuevamente se comenzó a construir el edificio, mientras las monjas habitaban unas casas cercanas al convento de San Francisco, propiedad de don Alonso de Olivares, mayordomo del monasterio y director de la obra. El nuevo edificio fue habitado en 1609. Comenta Viera y Clavijo que “desde entonces fue creciendo tanto la comunidad, que llegó a ser de más de cien monjas de velo negro, entre las cuales florecieron a competencia la nobleza, la virtud y el talento de alabar a Dios en el canto”.

La desamortización de Mendizábal entre 1835 y 1837 cerró el monasterio y las monjas fueron expulsadas, 245 años después de su fundación. El ayuntamiento convirtió el edificio en hospital, pero la Intendencia expulsó a los enfermos en 1842. La iglesia de la Inmaculada Concepción fue parroquia desde 1849 a 1868. El monasterio y la iglesia fueron destruidos y convertidos en solares, donde hoy vemos altos edificios de viviendas y la plaza-calle de San Bernardo. La ermita de San Telmo fue erigida en parroquia en 1849 con el título de San Bernardo y San Telmo. En esta antigua ermita se veneran las imágenes de San Benito y de San Bernardo procedentes de la iglesia del desaparecido monasterio de las bernardas.

El Monasterio de las Clarisas

El primer monasterio de monjas contemplativas fundado en Canarias fue el de las clarisas de La Laguna, que gracias a Dios ha perdurado hasta nuestros días. Fue fundado en 1547. Fue este monasterio madre de los fundados en Garachico, La Orotava, Santa Cruz de la Palma y Las Palmas de Gran Canaria. En 1664 el obispo fray Juan de Toledo, de la Orden de San Jerónimo, dio licencia para la fundación en Las Palmas del monasterio de San Bernardino de Siena, en las casas del que fuera canónigo y poeta don Bartolomé Cairasco de Figueroa, donde hoy están la plaza de Cairasco y el Gabinete Literario. Las fundadoras fueron seis monjas, procedentes del monasterio de clarisas de La Laguna, llamadas Magdalena de San Pedro Jaén y Cala, abadesa, Catalina de San Felipe Perera, que sucedió en el cargo a la anterior, Ana Bautista Sarmiento y Céspedes, que volvió más tarde a su convento de La Laguna, Zenona de Santa Teresa Gallegos, Isabel de Santo Tomás Valle y Francisca de San Leonardo Suárez. Llegaron al Puerto de la Luz, procedentes del Puerto de Santa Cruz, el 19 de mayo de 1664, acompañadas por el padre fray Luis de Silva, comisario visitador de la provincia franciscana de Canarias. Mientras se acondicionaba su monasterio, vivieron en el de las monjas recoletas cistercienses de San Ildefonso, en Vegueta. El 1 de junio, domingo de Pentecostés, se trasladaron en solemne procesión a su convento. En este monasterio vivió la monja Catalina de Balboa Ugarte, más conocida por su nombre de religión, Catalina de San Mateo de la Concepción, que ingresó en el claustro como monja lega en 1676, había nacido en Santa María de Guia el año 1646 y murió con fama de santidad en su convento de Las Palmas el 26 de mayo de 1695. Actualmente, después de 300 años de haberse iniciado su proceso de canonización, se ha reiniciado su causa de beatificación.

El monasterio era un caserón inmenso, con mucho solar y sobria arquitectura, cuyo exterior lo formaban tapias enjalbegadas en las que se abrían algún que otro hueco. Debía ser muy parecido en su planta y alzado a los que hoy contemplamos en los alrededores de la Plaza del Adelantado en la ciudad de La Laguna.

La fachada noble del edificio se alzaba por la calle de Gotardo, hoy de los Malteses; en ella se abrían las dos puertas de la Iglesia, rematada la principal por un frontón quebrado; los tragaluces del coro y del ventanal de medio punto del presbiterio, detalles recogidos en el diminuto dibujo realizado por D. Antonio Pereira Pacheco en 1833.

En 1720 el monasterio de las clarisas se incendió, pero fue reedificado en poco tiempo por el legado de 4.600 pesos que había dejado don Agustín de Torres y Denis. Viera y Clavijo anota que “la comunidad suele ser de 70 monjas muy ejemplares, que están sujetas a los frailes de su orden”. En 1802 vivían en el convento de las hijas de Santa Clara 41 monjas profesas, una novicia y tres legas. Las monjas fueron expulsadas en 1837 tras la desamortización de Mendizábal y el monasterio demolido en 1840. El monasterio de San Bernardino de Siena tuvo, pues, 173 años de existencia.

Artículos en la Enciclopedia de Wikipedia relacionados con nuestra parroquia:

Parroquia de San Francisco de Asís.

Nuestra Señora de la Soledad de la Portería.

Pontificia y Real Archicofradía de Nuestra Señora de la Soledad.

Santísimo Cristo de la Humildad y Paciencia.

Niño Jesús Enfermero.