1. Introducción

La parroquia de San Francisco de Asís del histórico y comercial barrio de Triana, fue erigida, por primera vez, el 19 de agosto de 1821, y el 16 de junio de 1840 definitivamente. El templo parroquial lo ocupa, desde el primer momento, la iglesia del antiguo convento franciscano, una vez desechada la antigua ermita de Ntra. Sra. de los Remedios (1497), un amplio solar en la actual plazuela de Hurtado de Mendoza , popularmente conocida como “Plaza de las ranas,” que haría que nuestra parroquia se denominara, al inicio, “Parroquia de Nuestra Señora de los Remedios y San Francisco de Asís”. El templo actual tiene ya cerca de cinco siglos y, en su planta y alzado, es exactamente la misma que se concluyó en 1699. En el año 1985 (Real decreto de 20 de diciembre del mismo año) fue declarado Monumento Histórico Artístico. Su primer párroco fue D. Antonio Agustín Barbosa. La parroquia limita con las parroquias de San Nicolás, (calles Acequia, Concha Espina y 1º de Mayo) San Agustín (barranco Guiniguada) y San Bernardo (Calles Perdomo y Munguía). Es nuestra intención ir describiendo en este lugar, mes tras mes, el nomenclator de las principales calles de esta jurisdicción.

2. Plaza de San Francisco

Comenzamos nuestro recorrido sentimental por las difrentes plazas y calles que conforman la jurisdicción parroquial de San Francisco de Asís, algunas de las cuales ya aprecen el el plano qu etrazó el ingeniero cremonés Leonardo Torriani en 1590. Como el espacio público urbano más próximo al templo es la Plaza de San Francisco, comenzaremos por ella este evocador paseo. La plazoleta se formó a la par que las obras del convento iban avanzando. La denominación inicial fue la de "compás de San Francisco" y era como la antesala del edificio sacro que le servía de fondo. Para hacerlo más recoleto y darle intimidad, una alta tapia rodeaba todo su perímetro; un portalón de cantería facilitaba el acceso al campo. Toda la superficie se hallaba ajardinada y en ella crecían frondosos álamos que proporcionaban sombra a las numerosas sepulturas allí existentes, en las que reposaban los restos mortales de los vecinos probres del barrio de Triana. La tapia fue demolida en 1664, quedando despejado el lugar. Muchos años después, en 1892, se alzó en la plaza el monumento a Colón y sería enriquecido el frontis de la iglesia con la marmórea escultura de San Francisco de Asís.

3. La Alameda de Colón

En el solar que hoy ocupan la Alameda , el Gabinete Literario y la Plaza de Cairasco, se levantaba hasta el año cuarenta del siglo XIX, el convento de San Bernardino de Sena de monjas de Santa Clara. Era un caserón inmenso, cuyos exteriores lo formaban tapias enjabegadas en las que se abría algún que otro ventanuco, poco necesario, por cierto, a sus moradoras, que más tenían que mirar al cielo que a la calle. Fue fundado en el año 1664 y el núcleo del mismo lo constituyó la casa de Bartolomé Cairasco de Figueroa. La vida de este monacato no fue larga: ciento setenta y seis años, ya que en 1840 los munícipes capitalinos decidieron expulsar a las religiosas de su casona y demolerla, para construir en el generoso solar la Alameda , una plazoleta y un teatro, que es en la actualidad el Gabinete Literario. La Alameda llegó a adquirir en la decimonónica centuria un prestigio y una categoría social de “salón” elegante, inigualado por los paseos públicos del archipiélago. El “salón central”, como llamaban al paseo ancho, estaba bordeado de plátanos del Líbano y en él se reunía el señorío de la ciudad; los paseos laterales estaban destinados al artesanado. En uno y otros, numerosos bancos de cantería, en forma de “sofás”,invitaban al descanso mientras la banda de música del Regimiento deleitaba a la concurrencia con sus tocatas. Un horario riguroso regía la apertura y cierre del jardín. Se abría en verano a las seis y en invierno a las siete de la mañana. El cierre era en verano a las once de la noche y en invierno después de las oraciones. La Alameda se denominó primero de “Santa Clara” y, a partir de 1892, de “Colón”, en recuerdo del Almirante.

4. Calle del Doctor Domingo Déniz

Con este nombre se distingue la calle situada al poniente de la Alameda de Colón. Se inicia frente a la puerta principal de la Parroquia de San Francisco de Asís y termina en la confluencia de las calles de San Nicolás y los Remedios. Con anterioridad era conocida como de Santa Clara, por hallarse junto al convento de las religiosas clarisas que se alzaba en el solar que hoy ocupa la Alameda y el Gabinete Literario. El nombre actual responde a un acuerdo del Ayuntamiento de la capital, que quiso honrar la memoria de este benemérito personaje que tanto contribuyó al embellecimiento del barrio de Triana y a la promoción cultural de los canarios. Domingo Déniz Grek nació Las Palmas de Gran Canaria en 1808, en la casa familiar ubicada en esta misma calle. Estudió medicina en la ciudad francesa de Montpellier, en la que se doctoró. Posteriormente se estableció de forma permanente en su ciudad natal, en la que se consagró a su ejercicio profesional, tarea que simultaneó con la dirección del Hospital de San Martín y Cuna de Expósitos. Desde su puesto en la Real Sociedad Económica de Amigos del País acometió la publicación del Diccionario de Historia Natural del insigne José de Viera y Clavijo. Fruto de su gran inquietud intelectual fueron un tratado de Geografía y Cosmología y una Historia de Canarias, en dos volúmenes, que permanece inédita. En su niñez colaboró con su tío Pedro Alcántara Déniz, alcalde que fue de la ciudad, en los ensayos del cultivo de la cochinilla, actividad que se convertiría en fuente de riqueza para las islas. Por su dilatado quehacer sanitario, especialmente en los dolorosos meses en que la isla padeció la epidemia del cólera, le fue concedida la Cruz de Beneficencia. Falleció en 1877.

5. Calle del General Bravo

Por el naciente de la Alameda de Colón discurre la calle denominada GENERAL BRAVO, que se inicia en la Plaza de San Bernardo y finaliza en la calle Remedios. A ella dan las fachadas de nobles edificios como el Gabinete Literario, el convento de las religiosas Dominicas, la pared del naciente de la parroquia de San Francisco y el Conservatorio de Música. El nombre de esta vía recuerda al ilustre patricio Don Pedro Bravo de Laguna y Joven (1832-1896), militar con una brillante trayectoria, en la que destaca su participación en las campañas de las guerras carlistas y de Hispanoamérica. En varias ocasiones desempeñó el cargo de Gobernador militar de Gran Canaria y se destacó, en 1854, por formar parte del grupo de oficiales que, de forma voluntaria, se dirigió al Palacio Real para dispensar protección a la Reina Isabel II del ataque que se anunciaba y escoltarla, en el caso de que se viera obligada a evacuar la capital, gesto caballeroso que mereció la estima de la reina y su familia. Memorables fueron asimismo sus actuaciones en el ámbito cultural, tanto como presidente de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Gran Canaria como del Gabinete Literario, entidad para la que gestionó y obtuvo la propiedad del señorial edificio que ocupa en la actualidad. Sus intervenciones políticas estuvieron siempre encaminadas al progreso de Gran Canaria y las otras islas del grupo oriental, prestando su estrecha colaboración a los hermanos don Fernando y don Juan de León y Castillo para obtener las destacadas mejoras conseguidas entonces por las islas, de manera especial la construcción del Puerto de la Luz. Fue senador del Reino, diputado a Cortes en varias legislaturas, por los distritos de Guía y Las Palmas. Se suele decir, con sobrada razón, que su biografía se funde con la “historia grande” de Gran Canaria durante los últimos cincuenta años de su vida. A pesar de hallarse gravemente enfermo, en 1896 hizo viaje a Madrid para realizar gestiones en pro de Gran Canaria. Ya no regresaría, porque en la Villa y Corte dejó de existir.

6. Calle de Los Remedios

Esta vía, situada en la cabecera sur de la Alameda de Colón, la separa del edificio de la Caja de Ahorros y en ella se hallan asimismo la Biblioteca Insular, los juzgados y el centro comercial Monopol. El nombre rememora a una desaparecida ermita, de generosas proporicones, que estuvo situada al comienzo del barrio de Triana, lindando con el Guiniguada y cuya construcción databa de 1497. Al parecer, la ermita salió indemne del ataque perpetrado contra la ciudad por el almirante Van der Does en junio de 1599, pero no pudo resistir el paso de los años, y a finales del siglo XVIII fue declarada en ruinas. Entonces, algunos de sus ornamentos, cuadros e imágenes pasaron a la iglesia de San Francisco de Asís; entre las efigies se hallaba la del titular del templo, Nuestra Señora de los Remdios, de gran calidad artística. Cuando en 1821 fue creada en la iglesia de San Francisco la parroquia de la jurisdicción de Triana, tuvo como titulares a la Virgen de los Remedios y San Francisco. La inestabilidad política de aquellos años provocó la suspensión temporal de la recién creada parroquia, que tuvo una vida corta. Al ser reinstaurada, el 16 de junio de 1840, por el enérgico obispo don Judas Romo y Gamboa, lo haría con el solo nombre de San Francisco de Asís. La antigua, venerada y hermosa imagen de la Virgen de los Remedios seguiría, no obstante, en la parroquia de San Francisco más de un siglo, pero cuidadosamente guardada en una de sus sacristías, sin que se le tributara culto. En los años veinte de la pasada centuria fue cedida a la ermita de San Antonio Abad, y en este recoleto templo de Vegueta se encuentra en la actualidad, ocupando la horanacina central del retablo principal.

7. Plaza de Cairasco

Este espacio de forma triangular, que se extiende delante del edificio del Gabinete Literario, lleva el nombre del insigne poeta grancanario Bartolomé Cairasco de Figueroa (1583-1610), cuya efigie marmórea remata la fuente ajardinada que se alza en su centro. Tanto el rótulo de la plaza como el monumento están de sobra justificados por dos motivos: por la valía del personaje y porque, antes de que en aquella plaza se edificara el convento de las religiosas clarisas (1664), fue casa y huerta deBartolomé Cairasco. Resulta difícil resumir en pocas líneas la vida de una figura tan sobresaliente: canónigo de la Catedral de Santa Ana, poeta, músico, dramaturgo que cuenta con una extensa obra literaria. En ella destacan títulos como “El templo militante”, la traducción al castellano de la “Gerusalemme liberata” de Torcuato Tasso, la “Esdrujulea”, una “Vita Christi” y numerosas comedias que solían ser representadas dentro o en el pórtico de la Catedral con motivo de festividades litúrgicas o el recibimiento de un nuevo obispo. A las reuniones eruditas que organizaba en el jardín de su casa concurrían, entre otros, Antonio de Viana, Leonardo Torriani, Abreu y Galindo, Juan de la Cueva, Luis Pacheco de Narváez, etc. Cairasco, introductor del verso esdrújulo en la poesía castellana, solía dar a conocer en esta “academia” las primicias de su fecunda obra. Al fallecer en 1610, y según había dispuesto, recibió sepultura en la capilla de Santa Catalina de la Catedral de Santa Ana. Tanto Miguel de Cervantes como Lope de Vega exaltaron, en sendas composiciones poéticas, los valores de este innovador poeta canario, acreedor de este epitafio: «El músico y poeta celebrado en todo el mundo yace aquí enterrado, su fama vuela hacia las estrellas. Que así sea para siempre.»

8. Calle de Muro

Esta vía, con nobles edificaciones neoclásicas a ambos lados, se inicia en la calle de los Remedios y termina en el Guiniguada. No es de las más largas del barrio de Triana, pero sí una de las más céntricas y de mayor tráfico. Se denomina Muro en recuerdo de D. Salvador Muro, primer subgobernador de Gran Canaria, designado por el Gobierno Central en 1852. D. Salvador Muro se tomó muy en serio el cargo, y su gestión al frente de la subgobernación resultaría altamente beneficiosa para los intereses de Gran Canaria, al dotarla de una cierta autonomía administrativa en las parcelas de educación, beneficencia, sanidad, materia impositiva, etc. Ante la política acaparadora que había seguido Tenerife a partir de 1822, año en que consiguió Santa Cruz ser designada capital del archipiélago, la mano izquierda de Muro hizo posible que Gran Canaria volviera a recuperar, en determinadas materias, la capacidad para resolver sus propios intereses. Con estos logros, las aspiraciones de nuestra isla no quedaban satisfechas, pero mejor era poco que nada.

9. Plaza de Hurtado de Mendoza

Este acogedor espacio urbano linda con la calle de Muro y el barranco Guiniguada, oculto con la vía que discurre sobre él. Su nombre constituye un homenaje a la memoria de Don Ambrosio Hurtado de Mendoza y Pérez Galdós (1858-1922), abogado, dinámico alcalde de la ciudad de Las palmas de Gran Canaria y líder del movimiento político que tuvo como bandera el divisionismo, cuyo fruto sería la creación de la provincia de Las Palmas, logro que él no llegó a ver. Hechos destacados de su gestión municipal fueron la brillante recepción que la ciudad hizo en 1906 al rey Alfonso XIII, primer monarca español que visitaba el archipiélago, la remodelación de la calle Mayor de Triana, que significó la desaparición del estrechamiento que la afeaba, y la subsiguiente construcción, en ese lugar, de la serie de casas de estilo modernista que hoy embellece la vía. La plaza rotulada con su apellido se denominó primeramente “Príncipe Alfonso” por poco tiempo, ya que al ser destronada su madre Isabel II en 1868, pasó a llamarse De la Democracia y finalmente de Hurtado de Mendoza. Popularmente es conocida también por Plaza de las ranas, debido a los dos batracios que decoran el estanque central. Un monumento de mármol de Carrara perpetúa el recuerdo del benemérito alcalde capitalino. La plaza adquirió el rango de tal por iniciativa de Don Antonio López Botas, el inolvidable munícipe del siglo XIX que acometió las obras con dinero de su propio bolsillo, porque entonces el Ayuntamiento apenas tenía presupuesto para pagar a sus pocos funcionarios.

10. Calle de Lentini

Discurre esta vía a lo largo del costado norte del Guiniguada, desde la calle de Muro hasta el Teatro Pérez Galdós. Originariamente se denominó calle del Sol. Pero a partir de 1840 decidió el Ayuntamiento capitalino rotularla con el nombre de Lentini, en recuerdo de D. Benito Lentini Messina. Como pregonan sus apellidos, este D. Benito era italiano y músico por añadidura. Arribó a Las Palmas de Gran Canaria en los años veinte del siglo XIX para dar unos conciertos y aquí se quedaría para siempre. Contrajo matrimonio en dos ocasiones y ambas con damas canarias. Según señala Domingo Déniz Grek fue profesor de música y canto, director interino de la Capilla de Música de la Catedral de Santa Ana, concejal del Ayuntamiento, persona de viva imaginación y de acertadas iniciativas urbanas. Lentini sería uno de los más dinámicos impulsores de la construcción de la Alameda, del viejo Teatro Cairasco y, de manera especial, de la calle que hoy lleva su nombre y de sus alrededores. Por donde en la actualidad discurre esta vía, tan transitada a todas horas, era originariamente un derrumbadero que las aguas del Guiniguada, en los inviernos fuertes, invadían y cortaban el paso. Lentini proyectó el gran muro de contención, el relleno y pavimentado, la colocación de poyos para el descanso de los viandantes y la plantación de árboles ornamentales. Otra preocupación de Lentini sería la de inculcar a los vecinos de la ciudad el cuidar la imagen de la pequeña urbe; que pintaran las fachadas de sus casas y que contribuyeran con diligencia a la limpieza de sus calles, desterrando la costumbre de arrojar a ellas la basura y aguas fecales. En definitiva, trasplantó a Gran Canaria la preocupación por el esmero y la belleza que imperan en su Italia natal, fruto de los arquitectos renacentistas y barrocos.

11. Calle de Cano

Esta calle se incia en Los Malteses y finaliza en la arbolada calle de San Bernardo. En el siglo XVI se la conocía por "Ventimiglia", porque en ella residía el comerciante genovés del mismo apellido; después de "La Carrera" y por último de "Cano". El desacuerdo sobre su actual nombre ha sido persistente: para unos recordaba a Juan Sebastián Elcano, que en 1522 fue el primero en dar la vuelta al mundo; otros eran de la opinión que homenajeaba a Tomé Cano, famoso constructor de naves, nacido en Garachico (1545-1625); también al diligente corregidor de nuestra ciudad: Vicente Cano y Almazán; o al hecho de que en ella se ubicara la oficina recaudatoria del canon o impuesto municipal. Todo quedaría aclarado cuando el genealogista Miguel Rodríguez Díaz de Quintana dio a conocer que en esta vía, Antonio Francisco de Sosa, apodado “el Cano”, tuvo diversas propiedades y comercios. Hasta bien entrado el siglo XIX abundaban en ella las casas terreras de deleznable arquitectura, destinadas a tiendas de "aceite y vinagre", latonerías, zapateros remendones, lonjas de pescado salpreso y otras actividades de poca monta. La casa en la que hoy existe una sucursal de la firma de joyeros más famosa de Europa fue, hasta los años setenta del siglo pasado, una construcción terrera, con latada y parra en la azotea, destinada a taberna de ínfima categoría. Eran los hitos, que recordaban que hasta hacía unas décadas, el Real de Las Palmas finalizaba en la calle de San Bernardo. Alternando con estos modestísimos inmuebles, lucían sus fachadas otros de noble prestancia habitados por acaudaladas familias de la burguesía canaria. En uno de ellos nació, en 1843, D. Benito Pérez Galdós, gloria de las letras españolas.

12. Calle de Los Malteses

Es la vía que comunica la Alameda de Colón con la calle Mayor de Triana. Con anterioridad se denominó “calle del Agua”; después de “Gotardo” y, a partir del siglo XVIII, “los Malteses”, a causa de los numerosos naturales de la isla de Malta que emigraron a Gran Canaria y abrieron tiendas en ella: sería el inicio de la prosperidad comercial del barrio de Triana. El flujo migratorio desde la isla de Malta hacia Canarias tuvo varias causas; una de ellas sería la decadencia de la Soberana Orden que provocó un período de inquietud social y de revueltas que trajo consigo la crisis del comercio maltés y, de modo especial, de la actividad pesquera.Esas circunstancias adversas motivaron el éxodo de algunos comerciantes y armadores hacia nuestro archipiélago. La colonia maltesa la formaron, entre otras, las siguientes familias: Sortino, Inglott, Parlar, Portelli, Magrid, Bonello, Grek, Azopardo, Olleño, Ferrugia, Ostia, Espiretti, etc. La mayoría abrió sus tiendas en “La Peregrina” y en la calle de “Gotardo” que, desde entonces, comenzó a ser conocida por “Los Malteses”. Esta vía capitalina fue elegida por sobresalientes personajes canarios para fabricar en ella sus mansiones. Recordaremos a dos: don Antonio de la Rocha y Bethencourt (1708-1783), coronel del Regimiento provincial de Telde, alcaide perpetuo de la Casa-Fuerte de Santa Cruz del Romeral y autor de los planos del hospital de San Martín y de la basílica de Teror. El otro vecino ilustre fue don Andrés Rusell, casado con doña María de Palencia, de ascendencia irlandesa. Sus antepasados vinieron a Canaria a consecuencia de la persecución de Cronwell contra los católicos en el siglo XVII. Estos esposos serían generosos benefactores de la advocación del Señor de la Humildad y Paciencia, cuya imagen recibe culto en nuestra parroquia.

13. Calle de San Pedro

Con este nombre es conocida la calle descendente que enlaza la de Lentini con la Mayor de Triana. Se explica tal denominación porque hasta las postrimerías del siglo XVIII se veneraba en la iglesia de los Remedios, que con ella colindaba, un imagen del apóstol, esculpida por Martín de Andújar, cuya cabeza se conserva actualmente en el Museo Diocesano. Años más tarde, D. José Luján Pérez, modeló la que hoy recibe culto en nuestra parroquia de San Francisco de Asís y procesiona el Viernes Santo. El insigne artífice guiense recogió con gran verismo la escena en la que San Pedro, después de negar al Maestro tres veces, se da cuenta de su cobardía y al enfrentarse con Jesús cautivo, derrama lágrimas de arrepentimiento. Una antigua y desaparecida cofradía denominada de “Las lágrimas de San Pedro”, que congregaba a numerosos sacerdotes, fue muy popular en la ciudad del setecientos; contaba con un rico patrimonio ornamental que, en parte, ha llegado hasta nuestro tiempo. El paso en el que procesiona el apóstol, arrodillado a los pies de Jesús Narazeno, es de singular magnificencia.

14. Calle de Triana

Es esta vía la de superior rango urbano de la antigua ciudad capitalina. Se inicia en la calle de Lentini y finaliza en la de Bravo y Murillo. El Real de Las Palmas se asentó en Vegueta, en torno al lugar que hoy ocupa la ermita de San Antonio Abad y los edificios aledaños; poco después, al incrementarse el número de sus pobladores, éstos se vieron obligados a cruzar el Guiniguada y a expandirse hacia el norte, sector al que los andaluces que acompañaban a Juan Rejón comenzaron a llamar Triana. El topónimo “Triana”, según Francisco Morales Padrón, pudo tener su origen en el gentilicio “Traiana”, derivado del apellido de la poderosa familia de los Trajanos, avecindada en Itálica; o en el vocablo latino ”trans amnis” (al otro lado del río). Lo que no ofrece dudas es su vinculación con Sevilla. Su trazado rectilíneo lo posee gracias a los desvelos del Ayuntamiento, presidido por don Ambrosio Hurtado de Mendoza, que acordó el derribo de una serie de casas que la estrechaban, y que fueron reemplazadas por los edificios de estilo modernista que hoy la embellecen. En esta arteria residen en la actualidad importantísimos comercios, oficinas y sucursales bancarias que le imprimen un gran dinamismo. Es, sin duda, el meollo de la ciudad antigua que habla con lenguaje de hoy.

15. Calle de San Diego de Alcalá

La ciudad de Las Palmas de Gran Canaria ha querido que el recuerdo de San Diego de Alcalá sea cotidiano y, por ello, ha rotulado con su nombre la calle que se halla junto al lateral norte del barranco Guiniguada. Este fraile franciscano llegó a Fuerteventura sobre 1441, en compañía de fray Juan de Santorcaz, con la misión de evangelizar aquella isla. A pesar de no ser presbítero, sino un humilde hermano lego, fue nombrado guardián del convento de San Buenaventura, ubicado en Santa María de Betancuria, primera fundación monástica del archipiélago. De este cenobio sólo quedan hoy sus venerables ruinas. La orden franciscana, al expandirse por las siete islas, con numerosos conventos y nutridas comunidades, se vio obligada a constituirse en Provincia, que fue puesta bajo el patrocinio de San Diego de Alcalá. En el templo parroquial de San Francisco de nuestra ciudad recibe culto una hermosa talla policromada del siglo XVII, de este santo misionero. Se le representa abrazado a una gran cruz, en recuerdo de lo que cuenta la historia y recoge Viera y Clavijo: Desde que desembarcó en tierra majorera se echó a cuestas una cruz que traía consigo hasta llegar a la puerta de su convento, donde la colocó. Tenía la costumbre de que una cruz encabezara siempre sus actuaciones catequísticas. Han pasado cinco siglos desde la llegada del humilde lego franciscano al archipiélago y los estudiantes canarios de todos los niveles académicos – que siempre buscan algún motivo para holgar – acordaron denominar con el nombre de “fuga de San Diego” una vacación más de las muchas que disfrutan a lo largo del curso.

16. Calle de La Peregrina.

Así se denomina una de las vías del barrio de Triana. No puede presumir de larga (119 metros), ni de ancha (4,30 metros), pero sí de antigüedad. En el plano del ingeniero cremonés Leonardo Torriani, trazado en la última época del siglo XVI, ya aparece tal y como es hoy. Desde entonces es conocida como calle de LA PEREGRINA, que sigue con el mismo rótulo. ¿Quién fue la dama cuyo recuerdo permanece vivo en esta calle trianera? A dos vecinas, ambas coétaneas, se les atribuye la maternidad de la rúa. La primera sería Mariana de Múxica, nacida en Sevilla, pero de noble ascendencia grancanaria. Doña Martina y su marido, Jerónimo de Zúñiga, emprendieron viaje a Indias, pero la nave fue apresada por el pirata Morato Arráez y llevados a Berbería, donde falleció el esposo y nació una hija, a la que dejó como rehén para venir a Gran Canaria, vistiendo hábito de peregrina. Aquí pidió limosna a la parentela para rescatar a su pequeña hija, alojándose en una de las casas de esta calle. Su vida fue un cúmulo de desgraciados acontecimientos imposibles de narrar en este lugar. La otra posible candidata se llamaba Peregrina de Montesa, casada con Mateo Carrasco Maldonado, ambos de elevada alcurnia y avecindados en la vía a la que nos referimos. Por su ascendencia genovesa y vinculación con el convento franciscano, sus restos mortales, con toda seguridad, descansan en el presbiterio de la Iglesia Parroquial de San Francisco.

17. Calle del Doctor Rafael González

En esta vía del barrio de Triana, que enlaza la calle Malteses con de Torres, vivió y falleció el prestigioso médico D. Rafael González Hernández. Para perpetuar su memoria acordó el Ayuntamiento capitalino rotularla con su nombre. Don Rafale González Hernández (1866-1941), nació en Arrecife de Lanzarote; estudió Medicina en la universidad de Montpellier, obteniendo el grado de doctor en 1892. En Las Palmas desarrollaría una labor profesional, social y cultural encomiable. Fue el primer presidente del Colegio Oficial de Médicos (1924) y desempeñó también, durante varios años, la presidencia del Museo Canario y de otras instituciones culturales. Sus compañeros de profesión patrocinaron la creación de una beca con su nombre, destinada a un estudiante de brillante expediente académico que deseara estudiar Medicina. Dejó de existir en su casa capitalina en 1941. Con anterioridad y desde hacía siglos, se denominaba la calle con el gentilicio "de los Moriscos", porque en ella se habían establecido los descendientes de los musulmanes que se quedaron en la Península al finalizar la Reconquista, y que optaron por bautizarse, aunque en la intimidad siguieron practicando de forma oculta el islamismo. Estos moriscos de Canarias ejercían el pequeño comercio, la buhonería; eran hábiles agricultores y artesanos, sobre todo en trabajos de carpintería de los que se conservan los artesonados mudéjares, como los de nuestra parroquia. En 1609, reinando Felipe III, se pudo constatar la existencia de acercameintos peligrosos de miembros de esta minoría con los bereberes del Norte de África y se decretó su expulsión. Sin embargo, esta medida no sería aplicada en Canarias y siguieron viviendo en las islas, conviviendo pacíficamente con la población que profesaba otro credo.

18. Calle de Maninidra

Donde finalizaba por su lindero norte el desaparecido convento de San Francisco de Asís, se halla la calle que actualmente lleva el nombre de MANINIDRA. Por ella tiene su entrada principal el Conservatorio de Música de Las Palmas, que vino a ocupar parte del antiguo solar conventual. Maninidra fué un personaje singular, que desarrolló un papel relevante entre los aborígenes coetáneos a la conquista de Gran Canaria: era uno de los seis guaires que formaban la cúpula militar del guanarteme de Telde. De él, dicen las Crónicas de la Conquista, que era « hombre alto de cuerpo, de señaladas fuerzas y victorias...que hacía maravillas con una gran espada de palo, que de un golpe derriba a un hombre y quiebra las patas a los caballos...» Luchó contra las tropas castellanas dando muestras de valor y astucia en el ataque a la torre de Gando que logró conquistar haciendo prisioneros a sus defensores. En una escaramuza posterior sería derrotado y apresado. Durante su cautiverio recibió el sacramento del Bautismo y se le impuso el nombre de Pedro. Participó en las conquistas de Tenerife y La Palma a las órdenes del adelantado Alonso Fernández de Lugo, al que también siguió en su expedición a la costa de Africa. Allí, lejos de sus islas y de su gente, perdió la vida.

19. Calle de San Bernardo

Casi hasta la mitad del siglo XIX, la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria finalizaba en la calle de San Bernardo; a partir de ella se extendía el arrabal capitalino. Lleva el nombre de San Bernardo porque a esta vía daba la fachada principal del monasterio de religiosas bernardas, "el mayor convento - según Pascual Madoz - que ha existido en Canarias. Constaba de cuatro grandes patios, un hermoso jardín y una magnífica huerta con el agua suficiente para el regadío. Poseía un bonita iglesia, aunque pequeña..." En el año 1842, y dentro del programa desamortizador de Mendizábal, se sacó a pública subasta por la suma de mil pesos. Los adjudicatarios demolieron el convento y el inmenso solar fue parcelado y vendido. San Bernardo de Claraval (1090-1153), ingresó como monje en la célebre abadía francesa situada en Cîteaux, de la Orden de San Benito. Este monasterio llegaría a contar con 700 religiosos y fue la cabeza de una especie de federación de cenobios compuesta por más de 160 monasterios. Tal engrandecimiento sería la obra fecunda de San Bernardo. San Bernardo llegó a tener tanto predicamento que su actividad de arbitraje se extendió a toda la Europa medieval, solucionando conflictos entre príncipes, monarcas y caballeros feudales. Los reyes y papas solicitaban sus consejos, desarrollando un papel destacado en la organización de la segunda cruzada. Tuvo una ferviente devoción a la Virgen, devoción que ha quedado impresa, de forma indeleble, en el espíritu del Cister. Algunas de las oraciones marianas que rezamos actualmente los cristianos fueron escritas y propagadas por San Bernardo. Fue canonizado en 1173.

20. Calle Fuente

Pocas vías de nuestra ciudad pueden presumir de tener una partida de nacimiento tan completa como la de esta pequeña calle, que comienza en la antigua calle del Mayorazgo, hoy Muro, y termina en la calle de San Justo, mirando al barranco de Guiniguada. Su nacimiento y su nombre son fruto del mayor  proyecto de mejoras urbanas de la vieja ciudad de Las palmas de finales del siglo XVIII, y podríamos por ello atribuirle la paternidad simbólica a quien fue el Corregidor de la ciudad e impulsor de aquellas obras, D. Vicente Cano y Almazán (1787-1793). Nuestra biografiada, con su nombre así, en singular, fue el resultado del levantamiento de uno de los muros de contención del cauce del barranco  Guiniguada, y su nombre original fue el de “callejón del Perro”. Esto del nombre viene por la construcción e inauguración el 25 de agosto de 1792, onomástica de la Reina, de una fuente cuyo brocal era la cara de un can; pero también, y a lo largo del siglo XIX, se le rotuló como “calle del pilar.” Será a partir del año 1900 cuando, al establecerse el primer callejero municipal de la ciudad, aparecerá con su actual denominación “calle Fuente”.

21. Calle Mister Blisse

Con este “bautizo” quiso el Ayuntamiento mostrar el agradecimiento a un británico que, llegado a nuestra isla en la década de los ochenta del siglo XIX, tuvo como mérito principal el haberse significado en la modernización del cultivo agrícola de Gran Canaria. Contratado por la empresa Swaston & Cía., Mr. Blisse vino para hacerse cargo de la finca de explotación agrícola que éstos tenían en el barranco de Cazadores de Telde – “El Mayorazgo”- y allí, con semillas mandadas a pedir a Londres, comenzó en 1885 el cultivo del tomate. Fue tal el éxito comercial de las primeras exportaciones de este nuevo producto de la horticultura grancanaria que Mr. Blisse expandió la producción agraria con el establecimiento de su modelo entre los agricultores de Telde, a quienes les dio la semilla, les enseñó su cultivo, supervisó la producción, y además adquirió finalmente el tomate para la exportación a los mercados europeos. A partir de esta iniciativa, la producción masiva del tomate se expandió rápidamente por todo el sureste de Gran Canaria y el resto del archipiélago, contabilizándose sólo en cuarenta y cinco años, para 1930, una exportación anual desde el Puerto de la Luz de 1.760.000 kilos de tomates a toda Europa, principalmente al mercado británico.

22. Calle Miguel de Cervantes

Consideramos totalmente superflua esta breve información sobre el nombre de Miguel de Cervantes Saavedra con el que aparece rotulada una de las calles de la jurisdicción parroquial de San Francisco, porque ¿quién ignora la vida y obra de tan insigne figura? Pero con la finalidad de que no quede cojo el presente callejero incluiremos una síntesis biográfica del Príncipe de las Letras españolas. Miguel de Cervantes (1547-1616), es el creador de la novela moderna, antítesis de los medievales libros de caballería, de  los que fue voraz lector en su juventud (gusto que compartió con Santa Teresa de Jesús), y que consiguió desarraigar de sus aficiones. A cambio crea y ofrece el prodigioso Don Quijote de la Mancha al que incorporará la invención, la fluidez narrativa, la poesía, el costumbrismo y hasta la crítica literaria; y no tuvo empacho en agregar a la narración sus propias vivencias, y  escribió : “muchos años ha que es grande, amigo mío, ese Cervantes, y sé que es más versado en desdichas que en versos…” Su vida estuvo sembrada de sinsabores; participó en la batalla de Lepanto, padeció cautiverio en Argel, prisiones y privaciones en su propia patria; penurias económicas y el acoso de la usura. Entre tantos padeceres, tuvo, al menos, la compasión de conocer la fama, gracias a la genialidad de su extensa producción literaria. Los últimos renglones trazados por su pluma, dedicados al Conde de Lemos, son patéticos: “Puesto ya el pie en el estribo, con las ansias de la muerte, ésta te escribo: el tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan…”

23. Calle Clavel

En el nomenclátor urbano de Las Palmas existe una cuarentena de calles que llevan nombres relacionados con el reino vegetal; como muestra recordaremos los siguientes: amapola, azucena, cactus, drago, laurel, margarita, nardo, verol, tulipán; y formando parte del repertorio floral figura también “el clavel”. Con él aparece rotulada una de las calles que enlaza la de Triana con la de Francisco Gourié. Ese hermoso vegetal de hojas largas, estrechas, puntiagudas, cuyas flores exhalan un perfume delicado, que recuerda el del clavo de especia, es singularmente estimado en España y mimado en Andalucía porque constituye el aditamento obligado en el peinado de la mujer del sur en los regocijos verbeneros y feriales. En el clima privilegiado de Canarias, que disfruta de muchas horas de sol, prospera el clavel con singular frondosidad; y, por añadidura, cuenta con una variante denominada “clavel de sol” que se desarrolla sin necesidad de tierra ni riegos, bastándole el sol y el aire templado. Se reproduce fijando unos gajos en un bastidor de madera o caña y colgándolo sobre una pared bien orientada. ¿Sería acaso uno de esos “claveles de sol”, que adornaba la fachada de una de sus casas, el que motivó  que esta calle trianera se denominara con tal nombre?

24. Calle Francisco Gourié

Con el nombre de “Francisco Gourié” se rotula la calle paralela a la de Triana, que se inicia junto al teatro Pérez Galdós y concluye en la ermita de San Telmo. Esta vía llevó con anterioridad el nombre de “La Marina” y en ella finalizaba la ciudad por el naciente. Francisco Gourié Marrero (1851-1931), nació en Las Palmas de Gran Canaria, en cuyo Ayuntamiento ocupó una concejalía durante doce años; fue concejero del Cabildo Insular, cofundador de la Caja de Ahorros, presidente de la Heredad de Arucas y Firgas, impulsor de la industria azucarera, destacado miembro de la Junta de Obras del Puerto y de los Depósitos Comerciales. Sus numerosas fincas rústicas fueron modélicas en toda la isla de Gran Canaria, tanto desde el punto de vista agrícola como por la atención social prestada en ellas a los trabajadores. Pero la obra en que volcó todo su entusiasmo sería, sin duda, la construcción de la nueva Iglesia de San Juan Bautista de Arucas, monumento extraordinario, proyectado por el arquitecto catalán Manuel Vega March. Su gestión como presidente de la Junta Promotora del nuevo templo y su vehemente anhelo por verlo concluido estimularon  su generosidad. La ciudad de Arucas, reconocida, le nombró Hijo Adoptivo, dedicándole también una calle junto a la Iglesia y solicitando para él el título de marqués de Arucas, pero Gourié no quiso aceptarlo. Otra muestra de su generosidad sería la donación a la ciudad norteña del hermoso jardín que lleva su nombre y que él supo enriquecer con especies botánicas singulares.

25. Calle Munguía

Una transversal de la arteria comercial de Triana, que comunica con la calle Francisco Gourié, figura rotulada con el topónimo vizcaíno “Munguía”. Se trata de un próspero municipio de la provincia bilbaína, en el que se desarrolla una intensa actividad industrial, preferentemente en los campos de la fundición, fabricación de papel, abonos químicos y productos alimenticios. La villa de “Munguía”, que en el siglo XIX apenas contaba con 2000 habitantes, alcanza en la actualidad los 20.000. Este topónimo vizcaíno, con el tiempo, devino en el apellido que en la actualidad ostentan numerosas familias. Una persona, oriunda de esta localidad, apellidada “Munguía” se estableció probablemente en nuestra ciudad, quizá como marino mercante o comerciante, y su recuerdo perdura en el callejero de nuestro barrio. Sólo disponemos del apellido “Munguía” e ignoramos cuál fue su nombre, actividad, época y demás circunstancias que permitirían completar estas breves líneas.

26. Calle “Las Lagunetas”

La depresión del suelo de este recoveco urbano, conocido popularmente como “Pasaje de Las Lagunetas”, motiva que en días de lluvia se haga poco menos que intransitable, porque a él van a parar las aguas procedentes de las calles situadas en las cotas altas de la ciudad, como son las de San Nicolás, Primero de mayo, General Bravo, Travieso, San Bernardo y alguna otra. El lugar se puede describir como un ensanchamiento de trazo irregular que no llega a ser ni calle ni plazoleta; en él se alzan unas cuantas casas, cortas en su número y altura. “Las Lagunetas” fue en tiempos pasados asiento de talleres de modestos artesanos: toneleros, herreros, latoneros, y zapateros remendones. En la actualidad, este espacio ha cambiado bastante, pese a su trazado irregular, que no han modificado los urbanistas municipales, quizá porque el mal no tiene remedio. Aún, hoy, cuando caen generosas lluvias, “La Lagunetas” presenta la fisonomía de un rincón veneciano.

27. Plaza de Stagno

El Puerto de la Luz era ya, a finales del siglo XIX, escala obligada de los buques que desde Europa se dirigían a África o América; en él se aprovisionaban de carbón, agua y víveres. En la madrugada del 13 de septiembre de 1888, en el mismo momento en que el vapor italiano “Sud América” maniobraba, otro buque de bandera gala, “La France”, que entraba en el recinto portuario embistió con su proa al trasatlántico italiano por el costado de babor echándole a pique en pocos minuto. Con él naufragaron las 329 personas que transportaba, entre tripulantes y pasajeros; los ahogados alcanzaron la patética cifra de 21; sus restos mortales descansan en un hermoso mausoleo de mármol de Carrara en el cementerio de Vegueta. Los tres centenares de viajeros y tripulantes que lograron sobrevivir a la catástrofe lo perdieron todo, menos la vida. Por esas fechas se encontraba de paso en Las Palmas el famoso tenor italiano Vincenzo Andreolo Stagno (que usaba como nombre artístico sólo el apellido “Stagno”), e inmediatamente se ofreció a dar un concierto en beneficio de los damnificados por el abordaje. El recital constituyó un éxito, tanto artístico como de recaudación. El Ayuntamiento capitalino, para rememorar el filantrópico gesto, acordó dar su nombre a la plaza que se halla junto al teatro Pérez Galdós.

28. Calle “Losero”

Una de las vías que une la calle Mayor de Triana con la de Francisco Gourié se denomina “Losero”. En pasados años era  un menguado callejón por el que, dada su estrechez, apenas podía pasar una tartana. Hoy es una calle ancha como la de Malteses, abrumadoramente transitada por los vehículos que buscan desahogo a sus prisas en la Avenida y Autopista desarrolladas junto a la costa. La nueva y ensanchada calle ha conservado sin sonrojo el nombre del menguado callejón, que no es otro que el de “losero”. Su rótulo hace pensar en un remoto artesano que tenía por oficio solar revestir suelos con pesadas losas de cantería. Esta clase de pavimento era muy común en época aún no lejana. Tanto la Catedral como las iglesias conventuales, ermitas y los patios de las casonas de Vegueta y Triana no tenían otro que el de la piedra gris traída de las canteras de Arucas y Lugarejo. En aquel callejón vivía en el siglo XVIII José Flores, patrón de velero, experto pescador de ballenas y que, según parece, también se transportaba al transporte de estas losas. Hay constancia de que los veleros que hacían la Carrera de Indias llevaban de lastres estas losas muy apreciadas por los maestros de obra de Cuba y Puerto Rico. Hace unos años, los arquitectos puertorriqueños, encargados de restaurar la ciudad capitalina de San Juan, entablaron contacto con los canteros grancanarios para utilizar el mismo material en sus modélicas rehabilitaciones. No hubo entendimiento por el alto precio a que salía el metro cuadrado de piso.

29. Calle “Enmedio”

El nombre de esta calle responde a su ubicación entre dos vías más importantes: San Nicolás al norte y San Diego de Alcalá al sur. Es céntrica, porque se halla en las inmediaciones de la Alameda y recoleta, al encontrarse alejada del bullicio y del tráfico. Su trazado es corto y sus edificaciones modestas; por ella pasa, de tarde en tarde, algún coche; no tiene actividad comercial; es más Bien estrecha y en ella tienen su hogar un corto número de familias que valoran su sosiego como preciado don. Decía un antiguo vecino de esta rúa que Las Palmas poseían dos lugares privilegiados para vivir: en Vegueta, la calle de la Gloria y, en Triana, la calle de Enmedio. Por la configuración urbana del barrio tiene un pequeño inconveniente y es que cuando llueve con fuerza suelen venir a parar a ella los arrastres de las calles situadas a más alto nivel; pero, por suerte o por desgracia, la ciudad no es muy pluviosa.

30. Calle “Rafael Cabrera”

Esta vía es una de las más importante del dinámico barrio de Triana. Se inicia junto al Guiniguada y finaliza en los aledaños del viejo muelle de Las Palmas. De esta calle se puede afirmar que no tiene “pasado”, porque discurre por un suelo ganado al mar a mediados del siglo anterior. En estos años cincuenta, el arquitecto Don Secundino Suazo concibió el propyecto de ensanchar la ciudad en el populoso sector trinero, en el trecho comprendido entre el teatro Pérez Galdós y el parque de San Telmo. Su ambicioso plan lo compartió con entusiasmo con Don Rafael Cabrera y un nutrido grupo de personas. Para llevarlo adelante, dado el esfuerzo económico que significaba, constituyeron la sociedad de capital privado denominada “Ciudad del mar” (CIDELMAR), presidida por Don Rafael Cabrera que por aquellos años también regía el Museo Canario. En los pactos concertados con el Ayuntamiento, la promotora se obligaba a ceder a la Municipalidad el suelo necesario para desarrollar la infraestructura, proyectando calles de generosas proporciones. Del resto del suelo, ganado al mar, podía disponer CIDELMAR libremente. Entre las normas urbanísticas aprobadas por la Corporación se autorizaba para este sector edificios de hasta doce plantas de altura, con lo que la ciudad creció no sólo sobre el mar sino también hacia el cielo. Don Rafael Cabrera Suárez, prestigioso profesional de la abogacía, fue decano de la corporación togada, puesto que desempeñaba cuando se produjo su fallecimiento en 1952, a la edad de 59 años.

31. Calle “San Justo”

Esta calle se inicia en la Avenida Primero de Mayo y desciende hacia la zona denominada “El Terrero”. En rigor debería llamarse de los “Santos Justo y Pastor”, porque en ella se hallaba la ermita dedicada a estos dos hermanos santos, construida en la segunda mitad del siglo XVI. Esta pequeña iglesia era parada obligada de la Virgen del Pino cuando visitaba la ciudad de Las Palmas. Tras ser destruida, en su lugar se levantó en 1948 el Cine Cairasco, hoy también desaparecido, para alzar un edificio de viviendas. Los santos niños Justo y Pastor sufrieron martirio bajo Diocleciano en la ciudad de “Complutum” (hoy Alcalá de Henares), el año 304. Su heroicidad sería cantada por Prudencio y el obispo toledano Asturio propagó su culto y edificó la primera basílica a ellos dedicada. El único recuerdo que se conserva en nuestra ciudad de estos santos niños es el de sus imágenes, dos preciosas tallas de madera policromada y estofada, encargadas en 1659 por el Cabildo Catedral de Santa Ana al escultor Francisco Alonso de la Raya, que tuvo taller en Garachico. Estas delicadas efigies visten túnicas talares; sobre ellas descansan airosas capas, replegadas en uno de sus brazos. Han sido esmeradamente restauradas y, en la actualidad, se conservan en el Museo Diocesano de Arte Sacro de Las Palmas de Gran Canaria.

32. Calle “Concha Espina”

Esta calle, de trazo quebrado, discurre entre las jurisdicciones parroquiales de San Francisco y San Nicolás. Concha Espina (1869-1955), novelista y poetisa nacida en Santander, gozó de merecida popularidad por la alta calidad de su obra. Publicó medio centenar de novelas, varios libros de poesía, cuentos y ensayos. Cinco de sus novelas fueron llevadas al cine, como: “La niña de Luzmela”, “La Esfinge Maragata”, o “Altar Mayor”. La Real Academia Española la premió en tres ocasiones, pero no pudo ocupar nunca un sillón académico porque entonces era impensable que una mujer formara parte de la docta Casa. Fue agraciada con el Premio Nacional de Literatura y el Miguel Cervantes y recibió la orden de Damas Nobles de la Reina María Luisa. En 1927 estuvo propuesta para el premio nobel que pasó a otras manos por un solo voto de diferencia. Su ciudad natal la nombró hija predilecta y le erigió un monumento, obra de Vitorio Macho, que fue inaugurado por Alfonso XIII. Tuvo certera mano para describir los ambientes regionales y lo afrontó mezclando magistralmente realismo e idealismo. Alzó su voz en denuncia de la preterición que experimentaba la mujer en la sociedad de su época. Su casa madrileña la abría los viernes para recibir a las figuras más destacadas de la intelectualidad y también a un grupo de poetisas jóvenes, entre ellas la canaria Ignacia de Lara. Su voz era oída en Hispanoamérica por sus colaboraciones en los principales periódicos.

33. Calle “Torres”

Torres, así, sin nombre y sin un segundo apellido identificador, se rotula la calle que se halla entre las de  Malteses y Travieso. Con esta denominación tan imprecisa no es extraño que se dé diversidad de pareceres sobre la persona a la que se quiso homenajear. Es muy posible que se trate de D. José Torres Matos (1827-1909), nacido en Las Palmas y elegido alcalde de esta ciudad en 1871, poco después de producirse la Revolución de Septiembre de 1868. Este personaje fue un trota mundo infatigable. De origen muy humilde (su padre era zapatero remendón), en su juventud emigró a América del norte, donde con grandes sacrificios estudió la carrera de Medicina en la Universidad de Filadelfia, revalidándola en la Habana en 1858. Más tarde en las universidades de Berlín y Londres, se diplomó en diversas especialidades, retornando a Cuba, donde ejerció la profesión a lo largo de tres décadas. Pero añoraba la tierra canaria y a Las Palmas volvió con un rico bagaje profesional y dominando a la perfección varios idiomas. El escritor Julián Cirilo Moreno nos desvela cómo era su figura: “Alto, robusto, de negras barbas recortadas a lo Franklin, parecía un yanqui…Hijo de cuna humildísima se había hecho a costa propia y a fuerza de trabajo”. Por una cuestión baladí se produjo una trifulca en el Teatro Cairasco y él, que se hallaba en el coliseo, ordenó a un guardia municipal que desalojara la sala. Al abandonar el alcalde el teatro fue objeto de insultos y chanzas sobre los humildes orígenes de su familia por un grupo de jóvenes de la burguesía. Tal actitud hirió de tal forma su amor propio que renunció a la Alcaldía y marchó de nuevo a Cuba, donde falleció.

34. Calle “San Nicolás”

La calle así denominada desciende desde la plazoleta situada delante de la antigua ermita hacia la Alameda de Colón. San Nicolás de Bari es un santo muy popular en todo el mundo cristiano. Nació en Patrara (Licia) en el siglo IV. Se le considera eficaz intercesor para remediar las necesidades espirituales y corporales de los creyentes. Fue monje, abad y arzobispo. Su nombre lo lleva también uno de los más populosos barrios de la ciudad, que trepa por el risco situado al poniente de la capital, y en el que habitaban preferentemente los marineros que faenaban en la costa de África, Hasta los años cuarenta del pasado siglo, este núcleo urbano formó parte de la jurisdicción  parroquial de San Francisco. Hubo una época en la que todos los lunes del año se formaba una nutrida romería de fieles que visitaban la ermita para implorar la ayuda del santo obispo. La afluencia de devotos aconsejó edificar un templo más espacioso en las proximidades del antiguo. Así mismo el Servicio Municipal de Guaguas consideró necesario reforzar los lunes el número de viajes para atender la demanda de los vecinos del Puerto de la Luz que deseaban visitar al santo taumaturgo.

35. Calle “Alcalde Obregón”

La persona que da nombre a una de las calles próximas al Guiniguada, no hizo nada en pro de nuestra ciudad, por lo que no tiene justificación que figure en el callejero, al lado de beneméritos patricios. Alvaro Obregón (1880-1928) inició su carrera política en el Méjico revolucionario de la primera década del siglo XX, desempeñando la alcaldía de Huatabampo. De carácter belicoso, en sus enfrentamientos con las fuerzas opositoras, perdió uno de sus brazos. Su actuación municipal estuvo marcada por las disposiciones radicales que impulsó. En 1920 ganó las elecciones para ocupar la presidencia de la república. Acto seguido designó al sectario Plutarco Calles ministro de la Gobernación; entre ambos aplicaron un extenso programa de leyes revolucionarias: una reforma agraria extrema, con reparto de tierras y consolidación de las organizaciones obreras; desataron la lucha contra la Iglesia Católica y la libertad religiosa en general. Se produjeron cierres de conventos, encarcelamientos y martirio de sacerdotes y la fundación de una Iglesia cismática paralela. Fue tan cruenta la persecución, que se produjo el levantamiento del pueblo, en su gran mayoría católico, que recurrió incluso al empleo de las armas, produciéndose los enfrentamientos denominados “Guerra de los cristeros”.

36. Calle “Villavicencio”

Vía situada entre Travieso y San Bernardo, que enlaza la calle Cano con General Bravo. Hasta muy avanzado el siglo XIX la modesta prestancia de sus edificaciones pregonaba la humilde condición de las familias avecindadas en ella; hoy, en cambio, cuenta con buenas casas y ha sido convertida en vía peatonal. Tuvo primero un extraño y pintoresco nombre: el de calle del “Diablito”, que sería sustituido por el de “Villavicencio” en recuerdo de D. Manuel López de Villavicencio, boticario, con notables conocimientos de Botánica. Formó parte de la Real Sociedad Económica de Amigos del País y colaboró, con otros miembros de la entidad, a divulgar entre los agricultores de Gran Canaria la técnica adecuada para la propagación de la cochinilla, el insecto originario de Méjico que vive sobre el nopal o tunera y que reducido a polvo constituye un valioso colorante granate. La cochinilla significó una fuente de riqueza para Gran Canaria y todo el Archipiélago, hasta que se malogró con el descubrimiento de la anilina como colorante químico. Las islas tardaron años en recuperarse del tremendo batacazo que significó la desaparición de esta actividad, período que se conoce como “crisis de la cochinilla”.

37. Calle “Perdomo”

En esta calle finaliza la jurisdicción parroquial de San Francisco. Una línea divisoria imaginaria, que pasa por el centro de la vía, asigna a San Francisco la acera sur y a San Bernardo la del norte. No se han encontrado antecedentes que aclaren quién fue este “Perdomo” que se hizo acreedor a que se rotulara con su nombre una calle importante del barrio de Triana. Es posible que se trate de Juan Antonio Perdomo Bethencourt (1737-1800), prestigioso médico nacido en Garachico, que ejerció la profesión con gran competencia en Caracas, donde logró cortar una epidemia de viruela que estaba diezmando a la población. Tuvo la genialidad de aplicar la “variolización” treinta años antes de que generalizara su `práctica el doctor inglés Jeenner, a quien se considera su afortunado descubridor. Estaba dotado Perdomo Bethencourt de una  irrefrenable  inquietud intelectual, una desbordante curiosidad por todas las ramas de las ciencias y la letras, que le llevaron a adquirir y leer libros franceses vetados por la Inquisición, motivo por el cual sería procesado, encarcelado y enviado a la Península para cumplir en la metrópoli la pena impuesta por el Tribunal del Santo Oficio. Después de pasar por presidios peninsulares e insulares, y soportando infinitas penalidades,  falleció este personaje eminente en 1800. 38. Avenida “Primero de Mayo” El tramo sur de esta calle discurre sobre lo que antaño fue huerta del convento de San Francisco, y también de los jardines y sitios de las casas situadas en la rúa denominada Domingo Déniz. El sector norte ocupa lo que en el pasado era la “fértil vega de Triana” con sus plataneras, caña de azúcar y otro frutales; por consiguiente se trata de una vía de joven trazado. Su denominación inicial sería la de “Alfonso XIII”, como homenaje al monarca reinante al iniciarse la urbanización; posteriormente el nombre del rey fue remplazado por el de “General Franco” y, por último, al retorno de la democracia, pasó a ser rotulada con el de “Primero de mayo”, fecha aceptada en todos los países occidentales para celebrar “el día del trabajo”. La Iglesia también quiso sumarse a la exaltación del noble y sufrido quehacer laboral que cotidianamente practica la humanidad instituyendo, en tan simbólica fecha, la festividad de San José Artesano, modelo de obrero manual. En esta vía se hallan las sedes de organismos públicos como Correos y Telégrafos, dependencias de la Delegación de Hacienda, de Educación, Trabajo, Organización Nacional de Ciegos, Ambulatorio de la Seguridad Social del barrio de Triana y otros centros, así como importantes casas comerciales.

39.Calle“Constantino”                                                                                                                                  

Calle ConstantinoEsta calle con un nombre tan rotundo se presta a equívocos a la hora de saber quien está detrás. Hay quien defiende que se denominó así en memoria del gran emperador romano, pero lo más probable y así lo defiende D. Manuel Ojeda en su "Breve Reseña Histórica de Las Palmas de Gran Canaria", ese nombre hace alusión a Constantino Cairasco de Figueroa (hermano de "El divino" Bartolomé) que, en 1599 cuando el ataque del almirante holandés Pieter Van der Doez a la ciudad de Las Palmas, combatió al invasor junto a un grupo de esforzados ciudadanos. El Ayuntamiento probablemente inmortalizó su memoria rotulando una calle de Triana. A esta calle se la conocía vulgarmente por la Callejuela, paso que nacía en el caserío de "Las Lagunetas" y moría en un núcleo de casas pequeñas y humildes, concentradas en la llamada "Panza de Triana"  

40. Calle Párroco Artiles

Esta calle próxima al Guiniguada está dedicada a Don Antonio Artiles Rodríguez. Fue párroco de San Francisco de Asís durante 38 años, siendo el sacerdote que más tiempo de su vida estuvo al frente de esa institución. Nació en esta ciudad de Las Palmas en 1860. Después de ejercer la docencia en el seminario y la capellanía del Carrizal en 1887, ecónomo de la ciudad de Guía y de la Santo Domingo de Las Palmas, fue párroco en propiedad de San Francisco de Asís a partir de 1898. Su espíritu emprendedor y sus recursos económicos, heredados de su familia,  los puso al servicio de su afán pastoral y de su irrefrenable espíritu emprendedor. Para bien y para mal fue el gran renovador del templo. Durante su mandato se realizaron obras que no procedían y se enajenaron piezas estimables del patrimonio artístico parroquial. Fue un ferviente devoto de la Virgen de la Soledad y logró convertir el templo de San Francisco en el santuario mariano de la ciudad, al que acudían riadas de fieles todos los viernes del año y, de manera especial, en Cuaresma y Semana Santa. Desarrolló además una intensa actividad política colaborando decididamente en las campañas y mítines en favor de la división de la provincia, llegado a ocupar el cargo de presidente del partido “Juventud Divisionista” para el que fue elegido por unanimidad. Sus últimos días fueron amargos hasta el enfrentamiento con el prelado, el obispo Serra Sucarrats, al ver desoída su justa petición de descargarse de las responsabilidades parroquiales y ser nombrado arcediano de la Catedral. Murió en Las Palmas de Gran Canaria el 15 de mayo de 1935.

41. Calle “Bernardino Correa Viera”

Esta calle, que une la Avenida Primero de Mayo con la carretera del Centro, lleva el nombre de D. Bernardino Correa, un empresario ejemplar de Las Palmas, donde nació en el seno de una acaudalada familia y donde murió en 1978. Las condiciones económicas de su familia le permitieron hacer estudios universitarios, completar su formación en  el extranjero y dedicarse en sus primeros años a la investigación. Luego, requerimientos familiares, le obligaron a hacerse cargo de sus empresas familiares. Fue un gran amante de su tierra, de firmes creencias religiosas, que le llevaron, en su momento, a una breve militancia política en el partido de José Mª Gil Robles. A la defensa de sus islas y, en especial, de su economía, dedicó decenas de trabajos, artículos y conferencias. Fue D. Bernardino Correa, en frase de D. Juan Rodríguez Doreste, “un modelo de temple liberal, de corrección caballerosa…de fina sensibilidad social y política,…de impar honestidad y consecuencia, de auténtico democratismo (sic), con la envoltura de un buen burgués, pero un burgués inquieto y cuidadoso del bienestar de los seres cercanos…” El centro de Salud de Triana, un edifico singular, está situado en la cabecera de esta calle, recientemente remodelada