Afganistán: vergüenza para Occidente

Cuando un fotógrafo de la Associated Press captó y distribuyó al mundo la foto de Kim Phuc, en el momento en que huía desnuda , el 8 de junio de 1972, herida por napalm en Vietnam o contemplábamos incrédulos, a la hora de la comida, la caída envueltas en llamas de las torres Gemelas, creíamos que jamás volveríamos a ver una imagen parecida. “Nunca más” decíamos…Pero, desgraciadamente la realidad, con sus horrores del momento, se ha ido imponiendo imperturbable y el grito de “Nunca más” se ha convertido sólo en una frase…Quizás en el único modo de acallar nuestra conciencia.

Pero debemos aprender de los errores cometidos. ..La imagen desgarradora del aeropuerto de Kabul, o las sombras de unos cuerpos caídos a decenas de metro desde un avión, que llevaba hasta en el tren de aterrizaje a varios seres humanos aferrados a su ilusión suicida de poder encontrar una mundo diferente, nos avergüenza.

Nuestra conciencia occidental debería empezar a gritar, a recordarnos, una vez por todas, que debemos cambiar el rumbo de nuestra “civilización”. No podemos invertir veinte años en defender la vida de las personas y luego dejarlas a merced de los que quieren humillarlas. Y, lo inaudito, convertirlas en “enemigos” después de invertir en ellas vidas, recursos e ilusiones.
Afganistan, nos dicen los analistas, es un país difícil, es casi un “no país”…Pero ahí está y en el abanico del mapamundi seguirá existiendo. Por ello, no podemos olvidarlos o abandonarlos a su suerte. El mundo cada vez es más vulnerable y todos, como nos ha demostrado la pandemia del Covid-19, estamos vinculados entre sí.

Europa debe despertar a lo mejor de sí misma, recuperar la cultura de los valores, aprendidos en la escuela de los ideales de libertad, igualdad y fraternidad.

La fraternidad, no puede ser una palabra caduca, hueca y debe redescubrir su espacio cultural, económico y político. Este es el reto del momento y las respuestas no pueden espera: son urgentes y deben ser audaces.

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