Tres formas de ayunar para la Cuaresma 2021

Hace tiempo que venimos ayunando en esta Cuaresma interminable que hace casi un año que empezó. Ayuno de expresiones afectivas, de encuentros, de viajes, de salidas…La mayoría de las veces, por imposición, pero siempre como recurso frente al mal, encarnado actualmente, en una palabra hasta el momento desconocida: el covid-19.

En realidad para un creyente no debería ser nada nuevo. La Cuaresma era eso, debía ser eso: como en el mes de febrero podamos las ramas, aventamos el terreno, quemamos los rastrojos y sembramos en barbecho la nueva cosecha, también debemos remansar las aguas del rio y repensar la vida, el sentido de la marcha. Para los cristianos, está clara la meta, la Pascua; para el resto nunca viene mal respirar hondo y preguntarnos hacia dónde vamos y hacia dónde queremos ir.

Sugerimos nuevas formas de ayuno:

Ayunar la palabra (mejor, el ‘parloteo’ …) para volver a un lenguaje sencillo, sobrio, esencial, que permita también en la vida social y especialmente en el círculo familiar momentos de reflexión y concentración.

El ayuno televisivo, con la renuncia a las no raras comilonas televisivas, muchas veces insípidas e inútiles (y atender más a las ‘ofertas’ que provienen de redes atentas y responsables cuyos programas fomentan la reflexión sobre sí mismos y sobre el mundo).

Consumir menos , para poder centrarnos en «ser» más que en «tener» y transformar lo que se pone de manifiesto a través del consumo – muchas veces inútil, si no francamente perjudicial – en gestos de solidaridad y fraternidad.

En definitiva, se trata de abandonar los patrones de una ‘vieja Cuaresma’, identificada casi solo en «la abstinencia-ayuno del viernes» en nombre de una ‘nueva Cuaresma’, centrada en la «meditación y la oración» por un lado y por el otro, en el «servicio de la caridad»: en esta época de pandemia y precariedad  generalizada, hay amplios espacios para el ejercicio concreto de la solidaridad, incluso en los pequeños gestos diarios.

Escrito por