Santa Catalina de Siena, mujer excepcional

En estos momentos oscuros es cuando más necesitamos guías sólidos y autorizados, ejemplos vivos de talante. Hombres y mujeres de nivel, de objetivos altos. Santa Catalina de Siena nació en esta ciudad italiana en un momento de terrible peste, una pandemia que se llevó por delante a más de un tercio de la población.

Fue una mujer extraordinaria por su profundidad y la universalidad de su sabiduría. Terciaria dominica, desde su casa, “su habitación,” logró construir un “laboratorio de futuro”: artistas, pensadores, religiosos, más tarde llamados “Caterinati”, dieron vida a las valientes iniciativas y espiritualidad de esta mujer.

No se calló nunca ante lo que consideró una injusticia y asumió papeles en aquellos años que hoy nos parecen avanzadísimos: Viajes, cartas, consejerías, delegaciones …valentía y, al mismo tiempo humildad, para decir en su momento, incluso al mismo Papa, lo que ella entendía que era lo mejor para la Iglesia y la población. De ordinario tenemos una imagen errónea de la Edad Media. Mujeres como Catalina y otras, hablan claro de la grandeza y de la gran fuerza interior de estas personas.

Estando en Roma, rezando y trabajando para acabar con el cisma que en aquel momento dividía a la Iglesia, le sobrevino un ictus que acabó con ella. Era el 29 de abril de 1380, tenía treinta y tres años.

Está enterrada en Santa Maria Supra Minerva, una hermosísima basílica, única en estilo gótico de la ciudad eterna, que custodia la orden de Predicadores.

Casualmente, hoy veneramos la memoria de esta excepcional mujer, doctora de la Iglesia, patrona de Italia y copatrona de Europa, con otro santo dominico, San Pedro Mártir, así como con otros tantos santos que le acompañan en el Martirologio de este 29 de abril.

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