Celebrar en casa el Triduo Pascual

Vivimos una Semana Santa fuera de lo común. Y la fiesta más importante de los cristianos, el Triduo Pascual, lo celebramos recluidos. Toda familia cristiana debe inventarse un espacio con signos que manifiesten nuestra fe…”El estado de alarma” en que vivimos y las condiciones del momento pueden ser el inicio de una experiencia que puede repetirse siempre: podemos celebrar la fe en nuestras casas, en el ámbito ordinario de la vida, cada día.

“El estado de emergencia” es la ocasión privilegiada para que “emerja” el pueblo de Dios como sujeto vivo de la fe. No como sujeto pasivo, asistente y simple receptor de lo que otros le celebran, sino como “pueblo sacerdotal” capacitado para celebrar. Esto en realidad, siempre es así, debería serlo: en toda celebración, en todas las celebraciones que realizamos en nuestras iglesias, también en aquellas más solemnes en las catedrales, el sujeto celebrante es toda la asamblea.

Los ministros, en particular los que presiden, viven su servicio no para sustituir al pueblo de Dios, sino para ayudarle a sentirse parte activa de la celebración. Si esto vale para cualquier domingo, vale también para la Pascua.

A la hora de ofrecer algunas sugerencias para celebrar el Triduo (Jueves, Viernes, Sábado-Domingo) he aquí algunas propuestas mínimas, conscientes de que nunca faltará en el pueblo de Dios la creatividad para vivir de modo “excepcional” esta Pascua de 2020.

Jueves Santo
San Juan en su Evangelio no relata la Última Cena, sino el lavatorio de los pies. Cada miembro de la familia puede realizar este gesto, uno a otro. Así recordamos que la Eucaristía alcanza todo su significado cuando se celebra, si cada uno nos ponemos al servicio del otro.

Luego podemos leer los textos bíblicos que se proclaman en la Eucaristía de este día. Dejar un momento de silencio y, aunque no podemos celebrar la Misa, podemos partir y compartir entre los presentes un simple pan que necesariamente ha de ayudarnos a entender lo que todos los domingos hacemos con todos los creyentes en las iglesias.

Viernes Santo
El centro del Viernes Santo es la Cruz de Cristo y el relato de su muerte. Podemos entronizar una Cruz y ponerla en un lugar de la Casa que en adelante sea para todos una invitación a orar. Delante de la Cruz podemos celebrar tres momentos:

1.- La proclamación del relato de la muerte.
2.- Un beso a la Cruz ( en el contexto familiar e íntimo en que se desarrolla, puede hacerse pasando la Cruz de mano en mano).
3.- Una oración universal para que la fuerza de la Cruz llegue a todos (En estos momentos la oración tendrá presente, de modo particular, a los que sufren el contagio y a los que trabajan en primera línea).

Sábado Santo
Este es un día particular, ha de llamar la atención el silencio y la ausencia de cualquier celebración. Hemos vivido y estamos viviendo una cuaresma (una cuarentena) larga, fatigosa, sin ritos. Este día podemos dedicarlo al silencio. Junto al Crucifijo colocaremos algunos signos, una vela apagada, el crucifijo cubierto…signos que puedan remitirnos a una ausencia, a una espera.

Vivir la ausencia como un tiempo para que crezca el deseo, como un tiempo para prepararse al encuentro. Incluso podría prepararse en familia algo de aquello que en días sucesivos quisiéramos que fuera señal de fiesta: la comida del domingo, un dibujo, una flor…

Domingo de Resurrección
Lo vivimos sin la celebración de la Misa en la Iglesia. Podríamos seguirla en la TV o la bendición del Papa “urbi et orbi” (=A la ciudad de Roma y al mundo). Preparamos la mesa , antes de la comida, leemos despacio el evangelio de la Resurrección. Concluimos con la fiesta familiar: La comida, una pequeña velada preparada por todos, etc.…Se trata, en definitiva, de facilitar un espacio de alegría.

Y todo esto, sin olvidarnos del que está solo. Por ello podría telefonearse a los abuelos, amigos, familiares, a todo aquel que sabemos que está solo; intercambiar con ellos nuestras felicitaciones, nuestros deseos de esperanza ante la pandemia.

Como ven son sugerencias mínimas, pequeños gestos que, en las actuales circunstancias,- esperemos que irrepetibles,- pueden ayudarnos a insertar la fe y su celebración en la vida cotidiana, dentro de los muros de la casa.

Evidentemente, un Triduo extraño como este hay que prepararlo. “¿Dónde quieres que te preparemos este año la Pascua?” Le preguntan sus discípulos a Jesús.

La Pascua se prepara. No es algo a consumir, como una película: Nos sentamos en el sofá, conectamos la cadena apropiada y a disfrutar. No. A la Pascua no se asiste, la Pascua se celebra y, por tanto, se prepara. Este año, quizás, como nunca.

Escrito por