Sin memoria no hay fe

Un cristiano “sin memoria”, no es un verdadero cristiano: es un hombre o una mujer prisionera de la coyuntura del momento, sin historia.


La tiene, pero no sabe cómo asumirla. Es justamente el Espíritu el que le enseña esta asignatura. El es la memoria de la historia…
Cuando en la Carta a los Hebreos, el autor dice: «Acuérdense de sus padres en la fe»: alude a la memoria; “recuerden los primeros días de su fe, cómo fueron valientes»: insiste en la memoria.


El Espíritu es el que mantiene e interpreta la “Memoria” de nuestra vida, de nuestra historia, memoria del momento que hemos tenido el privilegio de conocer a Jesús y memoria de todo lo que Jesús nos ha dicho».


«Esa memoria que viene del corazón, es una gracia del Espíritu Santo», afirmó el papa Francisco.


Tener memoria, precisa, también significa recordar las propias miserias, que nos vuelven esclavos, y junto a ello la gracia de Dios que redime de aquellas miserias”.

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