Jean Varnier

Con motivo de la III Jornada Mundial del pobre, el papa Francisco, en el mensaje que envía a la Iglesia para presentar dicha Jornada, alude a Jean Vanier, apóstol de los pobres recientemente fallecido. Recuperamos, ante esta Jornada que celebraremos el próximo domingo 17  lo que escribimos en su momento, días después de su muerte.

Fue fundador de las “Comunidades del Arca” (152 comunidades en 37 paises) y co-fundador de la Comunidad de “Fe y Luz” (1.420 comunidades en 86 paises). Murió el pasado 7 de Mayo a los 90 años.

Este testigo del Evangelio, apóstol de la compasión, buscó desde siempre el camino del Evangelio. Nació en Canadá y, desde muy joven, se enroló en la Royal Navy, pero la abandonó a los 22 años para seguir más de cerca a Jesús. Estudió y se doctoró en Filosofía. Después de mucho tiempo dedicado a la reflexión, muchas veces en soledad, llegó a la conclusión de que no podía seguir a Jesús sin interesarse por los pobres.

En 1964, después de constatar el abandono y el sufrimiento de muchas personas con enfermedades mentales, abandonadas incluso por las Instituciones de entonces, decidió habitar con ellos en una pequeña casa, al Este de París. Pronto se dio cuenta de que no debía hacer nada “por” los pobres, sino “con” los pobres y, él mismo, experimentó una gran transformación a partir de las personas a las que acogía. Repetía con frecuencia, “la llamada que hacen los pobres es una llamada a la relación: ¿Yo existo porque tú existes? ¿Me amas? …Y la vida en comunidad con ellos se transforma.”

La estela de Jean Varnier se une a la estela de tantos cristianos, testigos del amor de Dios, como Fabiola, aquella cristiana de las primeras generaciones, que en el 390 después de Cristo, se convirtió al cristianismo y abrió en Roma un Hospital para las víctimas del hambre, de las enfermedades y del abandono. Como S. Camilo de Lelis, S. Vicente de Paúl, San José Cottolengo , San Carlo Gnoccchi , Santa Teresa de Calcuta y una lista larga de hombres y mujeres que han hecho de la caridad, no sólo filantropía – cosa, por otra parte, meritoria –  sino un testimonio de amor y de entrega a los más débiles, enraizado en la fe de un Dios Padre de todos.

¡Ojalá el testimonio de tantos hombres y mujeres nos empuje también a nosotros a ser signos de amor y de esperanza en nuestro entorno, donde habitan tantos necesitados, tanta gente abandonada!

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