´15 de agosto ¿Qué celebramos?

“Afirmamos, declaramos y definimos como dogma divinamente revelado que la Inmaculada Madre de Dios, María siempre virgen, habiendo terminado sus días terrenos, ha sido elevada en cuerpo y alma a los cielos”. Con estas palabras, el 1 de noviembre de 1950. Pio XII proclamaba el dogma de la Asunción. Un acontecimiento enraizado en la tradición de la Iglesia, madurada largamente por un siglo de teología mariana.

Sin embargo desconocemos cómo pasó María los últimos días de su vida y cómo murió. Sólo un documento apócrifo del siglo V evoca los últimos instantes de María en lo que los cristianos ortodoxos llaman la Dormición de María, rodeada por los apóstoles y arrebatada al paraíso por Cristo.

Muy pronto, en efecto, los cristianos tuvieron el presentimiento de que la Madre de Dios, preservada de todo pecado, no podía estar sometida a la corrupción del sepulcro consecuencia del pecado. Una intuición muy pronto profundizada por los Santos Padres, en particular por San Juan Damasceno. En el siglo VI ya se celebraba en Oriente la fiesta de la Dormición de María, en el mes de enero. Más tarde, el emperador Mauricio (582-602) la fijó definitivamente el 15 de agosto.

La fiesta llegó a Roma y luego se extendió a toda la Iglesia con el Papa Theodoro (642-649) nacido en Constantinopla. Así fue prendiendo y celebrando esta fiesta, hasta que el concilio de Mayence la impuso al conjunto del pueblo franco. Progresivamente se le fue llamado fiesta de la Asunción, aunque la diferencia entre Dormición y Asunción es muy tenue.

Fue precisamente, a partir de la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción por Pio IX, en el marco de la gran corriente mariana del siglo XIX, que comenzó a llegar a Roma miles de peticiones en orden a la proclamación de este dogma. Era el sentir de la Iglesia.

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