símbolos rotos

Los símbolos son muy frágiles. Tan frágiles que hemos llegado a calificar a nuestra sociedad como la colectividad de los símbolos muertos. Y, sin embargo, sin símbolos no puede vivir la religión y diría que tampoco pueden comunicarse entre sí los hombres.

Por todo esto, prestemos atención a cuanto acontece en nuestro entorno y aprendamos a diferenciar el trigo de la paja. Hace unos días en la plaza del Duomo de Milán, Salvini, vicepresidente italiano y ministro de interior del actual gobierno, rosario en mano pedía la intercesión de la Virgen María para reclamar el voto para su partido en las próximas elecciones europeas. Habría bastado un mínimo de conciencia crítica, acompañada de un sano discernimiento, para entender que no es una convocatoria política, un mitin electoral, el lugar más adecuado para rezar unas letanías.

Muchas han sido las voces autorizadas de la Iglesia que han salido a poner los puntos sobre las íes. Entre ellas, el mismo cardenal Parolin, secretario del Estado Vaticano, que ha dicho:”Creo que la política partidista divide, Dios sin embargo, es de todos. Invocar a Dios para sí mismo es peligroso”.

Usar el rosario con fines electorales no respeta la seriedad de la fe y hiere a los cristianos. Creemos que ese tiempo había pasado, un tiempo que también lo ha vivido en su historia la misma iglesia.

Curiosamente, mientras en el mitin el líder de La Liga Norte alzaba la mano con el rosario y pedía la intercesión del corazón de María para sumar adeptos a su causa, un barco cargado de náufragos era rechazado en los puertos italianos y la ONU firmaba contra Italia una condena más por no respetar los derechos humanos.

¡Atención al populismo: lo invade todo!

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