El Primero de Mayo

Primero de Mayo, día del trabajo y día para revindicar y agradecer. Somos hijos de generaciones que, antes de nosotros, se batieron para conquistar el reconocimiento de unos derechos que hoy nos parecen lo más normal. Tenemos poca memoria, o quizá, nos pase como a muchos niños de nuestras ciudades que piensan que la leche envasada en tetrabrik viene de la embotelladora correspondiente, como vienen los batidos de fresa. Nunca han visto una oveja o una vaca y apenas si relacionan una cosa con la otra.

El complejo adánico es global. Creemos que todo ha empezado con nosotros y, por eso, estimamos poco la historia. Tras el primero de Mayo hay hombres y mujeres, sudor y lágrimas, luchas y logros que es necesario reconocer, celebrar. Muchas generaciones de luchadores, lúcidos y valientes, están detrás de nuestro derecho a un trabajo estable, a una sanidad para todos o a un retiro digno. Son una referencia, mártires laicos, muertos por revindicar una dignidad que no alcanzaron y que, ahora tú y yo, nos vestimos desde que nacemos. Entender la vida como donación, como pascua, también les atañe. Y, por eso, son referencia y estímulo más allá de sus ideologías. El color de su sangre, derramada por defender la dignidad del hombre, también es roja, del mismo color que la de aquellos que mueren por su fe. Esto basta para mantenerlos en nuestra memoria, es suficiente para hacerles un hueco en el calendario. Mañana celebramos la fiesta del Trabajo, no es poco. La fiesta del Trabajo, sin aditivo alguno.

Hubo un tiempo en el que en la Iglesia queríamos rebautizarlo todo y a esta fiesta se le llamó de San José Obrero. Como si el trabajo en sí mismo no fuera motivo suficiente para vestir de domingo el calendario. Lo es. O como si hubiera que borrar de la memoria cualquier avance o progreso que no hubiera nacido en los aledaños de las sacristías. Por supuesto que no. Y San José, siempre dócil y dispuesto, tuvo que pagar la fiesta. El santo de las sustituciones como le llama Erri De Luca: sustituto del primer esposo de María y sustituto del padre de Jesús.

Hoy los primeros de Mayo no son aquellos de antes, sin primavera. Pero tampoco son para tirar voladores. Se ha avanzado y la rayas entre clases se han ido difuminando, pero no siempre. Los problemas son distintos y las causas pendientes se acumulan, pero los pasos dados, ahí están. Se ha pasado del “proletariado” de antes al “precariado” de hoy, pero las periferias siguen existiendo. Geográficas y existenciales. Es urgente, por ello, – advertía hace poco el obispo responsable de la pastoral obrera en España – “seguir trabajando, si no, millones de obreros seguirán cayendo del andamio social”.

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