La fe debe generar historia

Leyendo las Sagradas Escrituras, es evidente que la propuesta del Evangelio no trata sólo de suscitar en nosotros una mejor relación con Dios. Tampoco nuestra respuesta a Dios debe reducirse a un conjunto de buenas obras de cara al necesitado. De forma alguna, el Evangelio puede reducirse a una caridad a la carta, a un conjunto de acciones tendentes a tranquilizar nuestra conciencia.
La propuesta del Evangelio es el Reino de Dios (Lc 4,43); se trata de amar a Dios que está presente en el mundo. En la medida que su señorío sea un hecho en cada uno de nosotros, la vida social será un espacio de fraternidad, de justicia, de paz, de dignidad para todos. Por ello, tanto el anuncio, como la misma experiencia cristiana tienden a provocar consecuencias sociales.

Esto lo afirma el Papa Francisco en el párrafo 180 de la “Evangelii gaudium”, cuyo capítulo IV está dedicado a la Dimensión social de la evangelización.

A los cinco años de la promulgación de este documento, es muy útil reflexionar sobre esto. Las repercusiones comunitarias y sociales de la evangelización suelen ser lo más olvidado en nuestras comunidades cristianas.

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