Pasear por el futuro

 

Hace pocos días se ha iniciado la asamblea sinodal que, por expreso deseo de Francisco, tiene como tema “las relaciones entre los jóvenes y la fe”.

Según el Papa, los desafíos del futuro se concretan en tres verbos que todos hemos de activar:

Soñar: lo repite con frecuencia el Papa. A menudo reta a los jóvenes a soñar, a caminar, aunque corran el riesgo de equivocarse. Siempre será mejor el riego que se corre al buscar respuestas y salidas, que convertir la vida en un estanque de aguas muertas. Los sueños tienen siempre luces largas, se proyectan hacia un horizonte abierto, mantienen en alerta el corazón y avivan la esperanza. También la iglesia tiene que soñar si quiere recuperar el diálogo con los jóvenes.

 

Esperar. Los sueños abren a la esperanza cristiana que se fundamenta en la fidelidad de Dios. A la Iglesia, Francisco pide sentirse “ungida” por la esperanza, para así mirar siempre adelante, transformando todas aquellas estructuras y estilos que a menudo separan y alejan a los jóvenes.

 

Escuchar. Es el verbo más importante a la hora de calificar la relación entre Dios y el hombre, por eso no puede la Iglesia minusvalorarlo. Escuchar a Dios, para escuchar con El, el grito de la gente, para respirar con la gente el proyecto al que Dios nos llama.

Una Iglesia que no escucha se cierra a la novedad, a la sorpresa de Dios y no resulta creíble, especialmente a los jóvenes.

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