Adviento

Llega el Adviento. Si hay un tiempo litúrgico con particular encanto en el calendario litúrgico es el Adviento. Cuatro domingos antes de Navidad y dentro del ciclo de la Manifestación del Señor que se cierra con el Bautismo de Cristo en el rio Jordán el próximo 7 de enero, los cristianos nos preparamos para la venida de Cristo con este tiempo de Adviento.

Es un tiempo para la esperanza, para volver a intentar aquello que ha quedado a medias, un tiempo para levantar la cabeza e identificar al Señor que viene, viene siempre. Que ha venido hace más de 2017 años y que vendrá al final de la historia en esa venida en la que pronunciará la última palabra sobre nuestra historia personal y colectiva, tal como recoge simbólicamente el Evangelio de Mateo 25. Cada domingo de Adviento marca una etapa en el itinerario de la espera. ¡Abrámonos, por tanto a la Esperanza y , como afirma Frei Betto, teólogo y poeta: “Abramos todas las ventanas para que entre lo verde!” ¡Ven, Señor Jesús!

El viene siempre

¿No oiste los pasos silenciosos?

Él viene, viene, viene siempre.

En cada instante y en cada edad,

todos los días y todas las noches,

Él viene, viene, viene siempre.

He cantado en muchas ocasiones y de mil maneras;

pero siempre decían sus notas:

Él viene, viene, viene siempre.

En los días fragantes del soleado abril,

por la vereda del bosque,

Él viene, viene, viene siempre.

En la oscura angustia lluviosa de las noches de julio,

sobre el carro atronador de las nubes,

Él viene, viene, viene siempre.

De pena en pena mía,

son sus pasos los que oprimen mi corazón,

y el dorado roce de sus pies

es lo que hace brillar mi alegría. (R. Tagore)

 

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