Santo Niño Jesús Enfermero

La devoción al Niño Jesús Enfermero, canaria cien por cien, es multisecular. Nació en el antiguo convento de hermanas clarisas que se levantaba frente a la actual parroquia y presidía la sala de enfermería del cenobio de las religiosas. De allí, el cuadro que hoy contemplamos en la Capilla del Santísimo de la parroquia, pasó a la Iglesia conventual, dado que la devoción a esta imagen se extendió tanto que hubo que instalarlo en un altar propio en la Iglesia que daba a la actual calle Malteses. Allí acudía mucha gente, movida por la fama milagrosa de esta imagen. Permaneció en el convento, casi doscientos años, y en 1840, expulsadas las religiosas de su convento, fue traído a la iglesia parroquial, donde permanece y se venera con gran devoción.


El solar del convento de San Bernardino (este era su santo patrón y su imagen se conserva también en la iglesia parroquial) lo ocupan hoy la Alameda de Colón, el Gabinete Literario y la Plaza de Cairasco. Era un inmenso caserón, con mucho solar y sobria arquitectura, cuyo exterior lo formaban tapias enjalbegadas en las que se abría algún que otro hueco. Debió ser muy parecido en su planta y alzado a los que hoy contemplamos en los alrededores de la Plaza del Adelantado en la ciudad de La Laguna. Fue fundado en 1664 y el núcleo del mismo lo constituyó la casa del poeta don Bartolomé Cairasco de Figueroa.


La fachada principal daba a la calle de Gotardo, hoy de los Malteses y a ella daban las dos puertas principales de la Iglesia, rematada la principal por un frontón quebrado.


Entre las zonas comunes del convento se encontraba la enfermería a la que se incorporaban las religiosas cuando sus dolencias revestían alguna gravedad. Nada parecido, por supuesto, a las salas asépticas de nuestras clínicas y hospitales, pero sí una sala reluciente de limpieza, de suelo de madera y catres de viento separados con biombos de papel o tela.


Colocado en la cabecera de esa sala, había siempre un pequeño altar en el que se instalaba al protector de la enfermería, en nuestro caso, la imagen el Niño Jesús. Por esta razón se le llamó Santo Niño Jesús Enfermero. La comunidad de religiosas comenzó a atribuirle curas milagrosas. Los prodigios fueron en aumento hasta desbordar los muros del convento y trascender a los habitantes de la ciudad que pedía insistentemente ver al Niño y poder rezarle, cosa que, en aquel momento, era imposible porque el cuadro estaba en la clausura. Por esta razón las monjas tomaron la decisión de instalarlo en la Iglesia conventual, erigiéndole un altar propio.


Actualmente el cuadro preside la hornacina de la nave norte que embellece un hermoso mural de ángeles pintado por D. Jesús Arencibia El tema de esta advocación tan canaria fue motivo de inspiración para los pintores insulares. Su fiesta se celebra en nuestra comunidad parroquial todos los años, el domingo siguiente al Bautismo del Señor.

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