La presentación del Señor

 

En Jerusalén, 40 días después de la Epifanía, el 14 de febrero, que en su momento celebraba el nacimiento de Jesús, tenía lugar la fiesta del encuentro o Hypapante (= «encuentro» entre el Mesías y Simeón y en él con todo el pueblo de Israel. De la solemnidad de esta fiesta en Jerusalén y Belén da testimonio Egeria en su «Diario»). Era la fiesta de la Presentación del Señor que actualmente se celebra 40 días después de la Navidad, el 25 de diciembre.

Es la gran fiesta de la entrada de Jesús en el Templo, de su ofrenda como primogénito, de su subida a Jerusalén, de su revelación como “Luz de las naciones,” e incluso, como signo de contradicción.


El lucernario que abre la liturgia de este día, ritualiza la palabra del anciano Simeón. María tiene un papel especial en esta fiesta como Madre a la que se le anuncia que una espada atravesará su corazón. Esta no obstante, es una fiesta del Señor y María, la Virgen de la Candelaria, aparece, como no podía ser de otro modo, asociada a su Hijo.


Esta fiesta se coloca idealmente al final del ciclo de la Navidad y se convierte en una profecía de la Pasión del Primogénito, en relación estrecha con el misterio pascual en su doble expresión de inmolación y glorificación.


Un texto bizantino une idealmente la Encarnación y la Pasión, en cumplimiento de la Escritura:
Ave, llena de gracia, Virgen Madre de Dios, de ti ha salido el sol de justicia, Cristo nuestro Dios, que ilumina a todos los que andamos en tinieblas. Alégrate, tu también, anciano justo, que tomaste en tus brazos al liberador, que concede a todos la resurrección.


El icono de la Presentación, que encontramos en ya en Occidente, en el ciclo natalicio del arco de Santa maría la Mayor, presenta con sencillez y simplicidad este misterio que recuerda el nacimiento de Cristo y lo proyecta hacia la Pascua. De esta forma la Navidad y todo el evangelio de la infancia de Cristo, se enlaza teológica y espiritualmente con la Pascua del Señor que es la raíz y el fundamento de todo el Año litúrgico.


Por ser fiesta del Señor se celebra con el formulario propio en lugar del formulario del domingo cuarto del Tiempo Ordinario.

Oración:

Señor, Padre nuestro, gracias por todos los justos y por todos los profetas que han esperado largo tiempo la llegada del Mesías. Modela en nosotros un corazón de justo que sepa «ajustarse» constantemente a Ti. Con tu Espíritu, como Simón y Ana, que reconozcamos también en Jesús al Salvador del mundo, un salvador para todos. Que tu Iglesia se mantenga siempre en la misión. Amén.

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